¡Ahí viene una contracción!
¡Ahí viene una contracción!
¿Cuándo es hora de ir?

A veces puede ser difícil distinguir una molestia normal de aquella que te indica que es el momento del parto, pero saber las diferencias pueden evitarte un viaje fallido a la clínica. Aquí te dejamos algunos consejos.

Mujeres gritando descontroladas de dolor es la primera imagen que se te viene a la mente cuando piensas en las contracciones. Sin embargo, la realidad no es como la muestran las películas. Estas se podrían definir como dolores similares a los de la menstruación, en los que tu guatita se pone dura y se siente un malestar en la zona pélvica.

Las contracciones pueden empezar alrededor de la sexta semana, pero a esa altura son imperceptibles; a ellas se les conoce como contracciones de Braxton Hicks. A medida que se acerca la fecha de parto, su intensidad y frecuencia serán cada vez mayores, para ir preparando el músculo uterino. Lo esencial es que las reconozcas en el instante indicado para actuar a tiempo y sin alarmarte.

¿Es hora?
Días antes del nacimiento puede que se elimine el tapón mucoso, formado por una secreción blanca amarillenta, y que puede tener estrías de sangre. Es posible que te des cuenta como que no lo notes. Sin embargo, esto tampoco significa que el nacimiento es inminente. Puede pasar hasta una semana antes que inicies el trabajo de parto.

Si comienzas a tener 2 o 3 contracciones en un periodo de 10 minutos, con una duración de 25 a 30 segundos cada una y que son realmente invalidantes, es porque estás empezando el trabajo de parto. Para saber esto, es fundamental que tomes el tiempo entre una y otra con un reloj y así estar más segura. Si no, lo más probable es que llegues a la clínica y te digan que aún queda mucho y te manden de vuelta para la casa. Las contracciones uterinas, además de empujar al feto hacia la zona baja de la pelvis, son fundamentales para que se genere dilatación y se dé el nacimiento.

Si estás segura de que llegó el gran día, debes llamar a tu matrona para evaluar las condiciones y determinar si debes dirigirte al centro asistencial. Si eres primeriza, el trabajo de parto puede durar entre 8 y 12 horas. Si has tenido hijos anteriormente, este puede ser un poco más corto, de 6 a 8.

En caso de que el parto sea por cesárea, se aconseja que igual tengas contracciones, puesto que ayudan a la maduración de los pulmones de tu guagua y a la preparación del útero.

¡Pon atención!
* Una buena idea para acortar la espera es tomar un baño con agua tibia para ayudarte a estar relajada y favorecer las contracciones.
* Cuando estas comiencen no será como en las películas, donde la embarazada debe correr al hospital o la clínica. Para nada, el doctor te dirá que tendrás hasta 2 horas para llegar.
* La persona que te lleve deberá manejar con calma para evitar cualquier tipo de accidente.
* Debes estar informada sobre esta última etapa del embarazo y de los síntomas del trabajo de parto, porque así podrás vivir el proceso de una manera más tranquila.
* Recuéstate en el suelo con un cojín debajo de la cabeza. Apoya las plantas de los pies en la pared y sube y baja como si caminaras por ella.
* Acostada en el suelo boca arriba con las piernas separadas y flexionadas, levanta la pelvis durante unos segundos y vuelve a la posición inicial.
* Ponte de pie con las piernas separadas, flexiona ligeramente las rodillas para estar más cómoda, y camina cada 2 minutos.
* Siéntate en el suelo y flexiona las rodillas con las piernas abiertas. Equilibra ligeramente tu cuerpo hacia adelante y mueve las rodillas como si quisieras tocar el suelo con ellas.
* Ponte sobre tus rodillas en el suelo, échate hacia delante y apoya las manos en el piso (como si fueses a gatear). Mira al suelo y arquea la espalda con la pelvis hacia adentro.
* Siéntate sobre una pelota de pilates. La idea es que no sobrecargues las piernas con tu propio peso y puedas moverte encima de este objeto sin gran esfuerzo.

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