Alimentación y autismo: Delicado equilibrio
Alimentación y autismo: Delicado equilibrio

En el largo camino en busca de respuestas para el tratamiento del Trastorno del Espectro Autista (TEA), cada vez son más los padres que abogan por una dieta especial – libre de gluten y caseína-para sus hijos. Pese a no ser una cura milagrosa, en algunos casos alivia considerablemente los síntomas. Aquí, sus razones y testimonios.

Por: Fran Contreras Westermeyer

Como verdaderos científicos e investigadores, los padres que viven junto a hijos con Trastorno del Espectro Autista (TEA), se han convertido en verdaderos expertos en los nuevos tratamientos, investigaciones y estudios, donde la fórmula mágica para estimular a los niños es cosa de trabajo, paciencia y cariño.

“A diferencia de otros casos, cuesta. En el autismo existe una confusión tremenda. La única manera en la que puedes encontrar claridad es leyendo a tu hijo, observarlo, analizarlo y sacar tus propias conclusiones”, relata Bárbara.

La historia de esta mamá en el mundo del autismo comenzó con la llegada de su hijo Nihal, quien a los pocos meses de vida, empezó a retroceder en sus avances educativos, utilizaba palabras poco habituales y no se relacionaba con su entorno. Ahí percibió que podía ser autista.

“En el transcurso del verano de 2013, notamos que nuestro hijo comenzó con un juego repetitivo, que ya había empezado en Navidad. Buscamos en YouTube información y, efectivamente, así jugaban los niños autistas”, recuerda. Además, remarca un antes y un después luego que Nihal comiese un pescado en la Caleta de Papudo, desencadenándole trastornos de sueño, cambios conductuales y llanto.

Una historia similar vivió Pilar, quien sintió que a los 2 años de su hijo se lo cambiaron por uno que se veía igual, pero actuaba totalmente distinto: “Fernando a esa edad dejó de hablar, mirar y relacionarse. Retrocedía en su desarrollo y perdió la habilidad que tenía de pintar y otras más. Luego de un año de visitar neurólogos, psiquiatras y terapeutas ocupacionales, nos dieron el diagnóstico de autismo moderado y nos pusimos manos a la obra para ayudarlo”, explica.

Pero ¿qué es el TEA? Según sostiene la psiquiatra de la Infancia y Adolescencia de la Universidad de Chile, Dra. Rina Francos, “es una condición que afecta el neurodesarrollo de los niños de forma muy precoz, comprometiendo muchas áreas cerebrales. A través de los últimos hallazgos científicos se ha comprobado que existiría una alteración del desarrollo cerebral desde los primeros meses de gestación, sin que aún se sepa el motivo de estas alteraciones. La existencia de un componente genético casi ya no se discute, sin embargo, los factores que influyen en la expresión de esta genética permanecen todavía en la oscuridad”, afirma.

¿Cómo saber si mi hijo tiene esta condición?

Primera forma de manifestarse:

A los 2 o 3 años el menor presenta problemas en el lenguaje y, en algunos casos, no logra emitir ni una sola palabra.

En el jardín infantil no se relaciona con otros niños, deambula en los recreos, y no muestra interés por jugar con sus pares.

Le molestan los ruidos y se tapa los oídos para amortiguarlos.

Tiene poco o nulo contacto visual.

Segunda forma de manifestarse:

El niño presenta importantes avances en su desarrollo, dice algunas palabras, comienza a avisar para ir al baño, juega con sus hermanos, sabe distinguir objetos, etc. Esto hasta el 1 año 8 meses, cuando deja de avanzar en sus procesos educativos. Se aísla y empieza a tener ciertas conductas extrañas: deambula, gira, aletea, se ríe solo, no participa con los demás, deja de hablar, alinea en exceso sus juguetes, etc.

Se vuelve irritable. Aumentan las pataletas, presenta conductas violentas, se pone rígido e intolerante a la frustración.

Es hiperactivo y le cuesta conciliar el sueño.

Además, los padres pueden darse cuenta de estos cambios en cosas como:

No observan sonrisas y otras expresiones placenteras a partir de los 6 meses.

No responden a sonidos compartidos como sonrisas u otras expresiones ambientales a partir de los 9 meses.

No balbucea al año.

No responde a los gestos sociales (señalar, mostrar, decir adiós con la mano, aplaudir, etc.) a partir de los 12 meses.

No dice palabras sencillas a los 16 meses.

No hace frases espontáneas de dos palabras con sentido a partir de los 24 meses.

Pérdida del lenguaje o habilidad social a cualquier edad.

Sufre de diarreas crónicas.

Dentro de las áreas más comprometidas están el lenguaje y comunicación social. Además, los intereses se acotan a patrones restringidos, movimientos repetitivos del cuerpo e intolerancia a los cambios. Cabe señalar que esta condición se manifiesta mayoritariamente en menores del sexo masculino, con una proporción de 4 es a 1.

Alimentación en TEA

Para ayudar a los niños a salir de este submundo, algunos expertos postulan que cambios en la dieta podrían generar respuestas positivas, curando ciertos malestares y enfocando la atención del pequeño en otras cosas. Según el pediatra de la Fundación Crecer Sano, Hernán Villalón, la alimentación es un factor importantísimo en el tratamiento de menores TEA, debido a que las principales causas son:

1.- Excesiva permeabilidad intestinal por inflamación. Aquí se produce una mayor absorción de macromoléculas y proteínas parcialmente digeridas, las cuales antes de este proceso deben metabolizarse.

2.- En otros casos existe una alteración genética en el hígado, que impide un proceso llamado metilación. En él, ciertos componentes de los alimentos tales como la caseína (leche), soya, gluten (trigo, avena, cebada, centeno) son metabolizados, formando sustancias químicas y funcionalmente parecidas a la morfina, alterando la capacidad de atención, concentración y vigilia. Ello sumado a generar adicción a productos como dulces, harina y lácteos, volviéndolos comedores compulsivos.

3.- Problemas en la flora intestinal, donde la frecuencia se encuentra alterada y con una alta cantidad de hongos, empeorando la hiper permeabilidad del intestino y las facultades cognitivas.

A estas problemáticas se agregan aquellas sujetas a la condición del TEA, donde por sus dificultades sensoriales y conductas obsesivas, los menores pueden alterar gravemente su alimentación. Además, sus problemas a la hora de comunicarse también los afectan, ya que no pueden señalar qué le gusta y qué no, o lo que les molesta con respecto a la temperatura, color, aroma o textura de las comidas.

También están los aspectos relacionados con el apetito, donde hay casos de inapetencia o ansiedad descontrolada, sujetos a ciertas reacciones que la comida produce en su organismo.

De ahí que la psiquiatra Rina Francos destaque la importancia de las rutinas de alimentación en estos menores, teniendo presente la reacción de ciertos remedios utilizados en el tratamiento del TEA en la dieta final.

“Algunos medicamentos empleados en estos cuadros pueden aumentar el apetito, causando obesidad y/o trastornos metabólicos; o bien disminuirlo provocando anemia, adelgazamiento u otros problemas”, explica Francos.

Tratamientos y cambios en la alimentación

Crear un plan de comidas para niños que viven en este escenario es bastante complejo, puesto que según nos explica Pilar, viven tanto con alergias alimentarias como intolerancias.

La rutina es clave dentro del autismo, por lo que cambiar la dieta de estos pequeños no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana. Para combatir estos malestares es que nace el llamado “Protocolo DAN”, un programa de comidas que restringe ciertas cosas como la caseína, gluten y azúcares, junto con el apoyo de otros estímulos.

Acorde a lo dicho por la experta en nutrición, Bárbara Miranda, el tratamiento dietético en niños con Espectro Autista contempla los siguientes puntos a intervenir:

a) DIETA: se ha visto casos de niños con espectro autista que responden muy bien a la eliminación del gluten y caseína. Muchas veces, estos también presentan alergias alimentarias o sensibilidad a cierto tipo de alimentos.

b) DESINTOXICACIÓN: es importante limpiar el organismo de metales pesados y otros tóxicos que puedan estar presentes, favoreciendo su expulsión y regulando los órganos desintoxicantes como el hígado y riñón. A su vez, hay que evitar la ingesta de alimentos y/o utensilios de cocina o envoltorios de alimentos contaminados. Ejemplo de ello es deshacerse de todos los utensilios que contengan plástico, teflón o aluminio (cucharas de plástico, envases metálicos, hervidor eléctrico de plástico, etc.).

c) SUPLEMENTACIÓN: frente a la eliminación de aquellos alimentos que aportan los nutrientes mencionados anteriormente, se debe suplementar con vitaminas y Minerales. Son vitales el Calcio, Magnesio, Vitamina D, Vitamina C, B6, B12, Zinc, entre otros.

Se debe incluir además Omega 3, 100% puro y libre de metales pesados y toxinas. De ahí la importancia de su origen y certificación.  

d) MANEJO DE CÁNDIDA: dicho hongo suele estar presente en estos niños. Su manejo debe realizarse con ayuda de antimicóticos orales y dieta, evitando su aumento y mantención. Hay que renunciar principalmente al azúcar.

“Sacamos la carne de vacuno y el arroz de la dieta de Nihal, lo cual ya generó un cambio. Con mi marido somos verdaderos ‘escaneadores’ de su conducta, así nos dimos cuenta de que comenzó a establecer contacto visual, todo por modificaciones en su digestión”, cuenta Bárbara.

Mejorías aparte, esta madre hace hincapié en que la alimentación no hará que el niño deje de ser autista. Sí lo apoyará en sus procesos, pero no lo mejorará por completo.

Se necesita también apoyo de fonoaudiólogos, traumatólogos y otras estrategias terapéuticas, tales como Floor Time, iniciativa estadounidense donde los papás aprenden a relacionarse mejor con su hijo autista y a hablar su idioma.

Tanto Bárbara como Pilar, quienes se pusieron la meta de seguir la dieta, coinciden de que es difícil y cara. Asimismo, hay que ser muy metódico, asegurándose que los alimentos verdaderamente no contengan elementos nocivos para el menor.

“Para que resulte, tienes que entrar en el protocolo de la perfección. Cuidar que no se produzca contaminación cruzada, con productos certificados y sin equivocarte nunca. Hay que ser mateo y riguroso para que resulte de verdad”, cuenta Pilar.

Ella dice que, sumado a la dieta, los mejores terapeutas de su hijo son sus hermanos, que lo han apoyado, defendido y sacado adelante. Si bien no descarta que este ha sido un camino complicado, hoy por hoy su hijo se relaciona con otros niños, y a sus 8 años ama estudiar inglés y se esfuerza por mejorar día a día en el colegio.

“Ahora que está grande es más difícil seguir la dieta, ya que no vas a estar en los cumpleaños de los amigos o en el recreo controlando lo que come tu hijo”, explica.

Desde muy chico, ella le enseñó a Fernando que los alimentos que podía comer se encontraban dentro de un cooler.

Los excelentes resultados en menores que han sido sometidos a una dieta especial sin gluten ni caseína asombran hasta a los más escépticos. Pero, según nos relata Pilar, no todos los infantes que presentan este cuadro son iguales, siendo más útil para unos que otros.

TIPS DE ALIMENTACIÓN PARA NIÑOS AUTISTAS

Antes de planear la dieta de tu hijo, debes hacer una evaluación de potenciales alergias e intolerancias, identificando los alimentos a retirar (además del gluten y la caseína). Por ejemplo, existen casos de niños que no pueden comer carne de vacuno o pescado.

  1. Reemplazar el pan común por panes a base de arroz integral, maíz y tapioca.
  2. Consumir bebidas vegetales, de arroz integral o coco.
  3. Disfrutar del yogurt elaborado en base a leche de coco o arroz.
  4. Comer quesos y margarinas veganas.
  5. Para las colaciones, puedes incluir manzanas o peras deshidratadas (sin azúcar), barras de arroz, cabritas caseras sin azúcar, galletas de arroz inflado, queques sin leche ni gluten, grissines libres de gluten, leche de soya, galletas de quínoa, fruta y maíz inflado, entre otros.
  6. Comer cereales, pero con moderación. Todos ellos de arroz integral; lo mismo fideos sin gluten, de preferencia integrales. Quínoa, papa y legumbres a tolerancia.
  7. Evitar el pescado y, en caso de incluirlo en la dieta, elegir salmón, trucha o merluza.
  8. Carnes, aves y huevos, de preferencia orgánicos, al natural y/o sin marinar.
  9. Frutas y verduras: nada enlatado ni en conserva, todo fresco, crudo, cocido o congelado.

IMPORTANTE: estos cambios deben ir acompañados por la asesoría de un experto y suplementos alimentarios.

“No se puede suprimir de golpe esta alimentación, porque si no los niños sufrirán algo parecido al síndrome de abstinencia. No hay que olvidar que estos péptidos (gliadinomorfina y casomorfina) son estructuralmente muy parecidos a las endorfinas, produciendo una sensación de bienestar que el cuerpo quiere mantener”, explica Hernán Villalón, pediatra de la Clínica Las Condes.

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