Cápsula número 31
Cápsula número 31
Cibele Passos Zuchelo

Querida comunidad:

Una joven pareja se mudó a una casa en un nuevo barrio. A la mañana siguiente, mientras desayunaban, la joven esposa miró por la ventana y vio que la vecina colgaba las sábanas para secarlas y, de inmediato dijo: «¡Qué sábanas tan sucias! Como lava mal, quizás necesita comprar otro tipo de detergente. Bueno, creo que yo debería ir a enseñarle cómo lavarlas apropiadamente”.

Cada vez que su vecina colgaba su ropa para que se secara, la joven hacía los mismos comentarios, una y otra vez. Pasado un mes, en una mañana, la joven esposa vio con sorpresa que su vecina estaba colgando las sábanas perfectamente limpias y luego exclamó: «¡Mira, finalmente aprendió a lavar la ropa, me pregunto quién le habrá enseñado! Y el marido le contesta: “Me levanté temprano esta mañana y limpié nuestras ventanas”.

Esta metáfora nos entrega muchas enseñanzas sobre lo que ocurre en nuestras vidas. Nos habla de cómo juzgamos a los demás a través de nuestro mundo interno, el cual está lleno de creencias, creadas a partir de nuestras propias experiencias. Sin embargo, estas dominan nuestra manera de ver la vida, y caemos en el error de creer que tenemos la verdad única.

Todo aquello que vemos en el mundo exterior, está en el interior de uno. De esta manera, mientras más sucia tengamos nuestras ventanas, más mugre iremos ver en los demás, pues los otros nos sirven de espejos. Proyectamos en los demás lo que es nuestro. De este modo, cuando criticamos o
juzgamos a alguien, esto termina definiéndonos a nosotros mismos y no a la persona que estamos juzgando o criticando. Del mismo modo, cuando hablamos mal de una persona, estamos hablando de nosotros mismos y no de esa persona.

Cabe destacar que los pensamientos, emociones y palabras traen consigo una frecuencia en particular. Cuando pensamos cosas negativas de los demás y de nosotros mismos, cuando juzgamos, criticamos, cuando sentimos rabia, culpa, envidia, vergüenza o cuando nos sentimos superiores o tenemos cualquier otro pensamiento o sentimiento con vibraciones de baja frecuencia, afectamos directamente nuestro sistema nervioso, dañando nuestra mente y nuestro cuerpo. Porque los pensamientos, sentimientos y palabras cargadas con una vibración negativa va en contra de nuestra esencia humana, la cual es benevolente, bondadosa, generosa, compasiva, amorosa, solidaria, y etc.

Por lo tanto, al bajar nuestra frecuencia con pensamientos, sentimientos y palabras de baja vibración, nos dañamos a nosotros mismos. Además, lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos a los demás, siempre se nos devuelve, pues todo lo que damos recibimos de vuelta, porque una de las leyes universales es la “ley de causa y efecto”.

Del este modo, cuando nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones son cargadas de vibraciones positivas y además son coherentes entre sí, la frecuencia de nuestro campo vibratorio se eleva y comenzamos a gozar del mucha salud física y también mental.

Los invito a todos a que elevemos nuestra propia frecuencia vibratoria. ¿Cómo? Cuidando cada pensamiento, sentimiento, palabra y acción. Esto irá contribuyendo de manera directa a nuestra comunidad.

Les deseo una semana llena de pensamientos elevados.

Un abrazo a todos.

Cibele Passos Zuchelo
[email protected]

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