Cápsula número 4
Cápsula número 4
Cibele Passos Zuchelo

Querida comunidad:

Es con mucha alegría que les cuento que nuestra comunidad ha crecido, pues estas cápsulas se han ido desde Chile hacia Singapur, Italia, Alemania, España, Albania, Australia, Estados Unidos, Panamá, Peru, Argentina, Uruguay y Brasil.

Con mucho amor vengo a compartirles mis reflexiones del día de hoy.

De un momento a otro casi todo se detiene y nuestra rutina es alterada forzosamente. Sin aviso previo todos somos obligados a salir de nuestra zona de confort. Se nos impone cambiar nuestros planes, metas y objetivos.

Así, la vida nos muestra, una vez más, que no tenemos el control de nada y que nuestro destino puede cambiar en cualquier instante. Estamos experimentando una de las mayores crisis de la historia, pero estoy segura que la gran mayoría de nosotros saldremos transformados luego de esta experiencia.

Es urgente que comencemos a mirar el lado positivo de lo que estamos viviendo. Transformemos este aislamiento en grandes oportunidades. Que de esta crisis salgamos reformados como seres humanos. Ya no sirve mirar el pasado y preguntarnos el porqué de todo esto, sino que debemos encontrar el para qué.

Desde hace varias generaciones hemos estado viviendo la vida en piloto automático, con el foco puesto en el mundo material, y gracias a esto el consumo nos ha ido consumiendo (valga la redundancia) por completo, por lo que muchos no saben cómo podrán solventar sus gastos en medio de este confinamento.

La realidad actual nos suplica hacer un enorme cambio. La naturaleza se ha levantado como un gigante, ella nos ha obligado a detenernos para poder respirar. Las aguas y los cielos están cambiando, así como nosotros también lo haremos.

Espero que esta crisis nos sirva para darnos cuenta de lo que verdaderamente importa: nuestra evolución; las relaciones interpersonales y los valores que muchos hemos estado olvidando. Hemos estado totalmente desconectados de nuestra dimensión espiritual, nuestro Yo Superior, esa dimensión donde habita la chispa divina. Pero también nos hemos apartado del amor, del respeto, de la lealtad, la honestidad, la solidaridad, la compasión y la generosidad, entre otras virtudes que nos hacen ser humanos.

Estamos viendo con creces que sí podemos llegar a ser extintos como humanidad si seguimos viviendo en esta locura diaria, que nos consume el tiempo, los valores y nuestras relaciones pero que, por sobre todo, nos desconecta de nuestra verdadera esencia.

Este llamado a volver a estar en las casas es en realidad un tremendo llamado a volver a nuestro mundo interior.

Lo que hoy me deja feliz es que lo invisible, silenciosamente, ha logrado uno de mis mayores sueños, por el cual lucho desde hace una década, traer a los padres cerca de sus hijos.

Con esta nueva realidad social, los libros de mi autoría hacen más sentido que nunca, y sus propios nombres revelan lo dicho. Tanto en “El sentido como destino: las crisis del ser occidental actual” como en “Criando: Reflexiones irreverentes sobre la pa/maternidad” podemos profundizar lo que he transmitido en esta cápsula. El segundo ha sido escrito en coautoría con el Dr. José Martins Filho y tal como nosotros nos hemos unido, los invito a que ustedes también se sumen a nuestra causa, pues si queremos detener a este gigante invisible debemos juntar fuerzas, independiente de nuestras creencias, religión, género, condición social y sexual.

Entendamos de una vez por todas que nadie es superior a nadie y que todos somos uno. Aprendamos el concepto de unicidad. Respetemos a nuestro prójimo. Todos tenemos al menos un pariente que es paciente de riesgo. Por esta sencilla razón: ‘quedémonos en casa, tal y como nos sugieren las autoridades.

Dejemos de seguir creyendo que las cosas materiales son lo más relevante, o que la apariencia de un cuerpo físico tiene un ideal a seguir o que un apellido importa. Dejemos de perder el tiempo con cosas vacías y sin sustancias que nos alejan los unos de los otros. Volvamos a lo esencial, aprendamos a estar los unos con los otros, a relacionarnos profundamente a través del amor y el respeto.

Aprovechando el comienzo del otoño, deseo que todos nosotros vivamos una renovación, no solo de fe, sino que de valores y principios. Aprendamos a soltar el control, a confiar en Dios. Demos lo mejor de nosotros en este periodo. Aprovechémoslo para alcanzar estados más elevados de consciencia y para rescatarnos a nosotros mismos lo antes posible.

Les deseo un nuevo día cargado de mucha fe, esperanza y amor.

Un fuerte abrazo a todos ustedes.

Cibele Passos Zuchelo
[email protected]

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