¿Creer o no creer? He ahí el dilema
¿Creer o no creer? He ahí el dilema

La llegada de la Navidad, Pascua de Resurrección y la caída de su primer diente vaticinan la aparición de los entrañables Viejito Pascuero, Conejito y Ratoncito en la vida de nuestros hijos. ¿Es bueno que los niños crean en ellos? Acá te contamos todo lo que tienes que saber sobre cómo manejar estos mágicos personajes.

Por: Fran Contreras Westermeyer

Sin lugar a duda algunos de los recuerdos más maravillosos de nuestra infancia son esos personajes que nos hicieron tan felices: el conejito, el ratoncito y el Viejito Pascuero. Este trío mágico nos deslumbró con regalos y sorpresas, y ahora es nuestro arraigar estas costumbres en nuestros pequeños. ¿Cuál es el papel que tenemos como padres en este cuento de magia e ilusión infantil?

“La etapa en que los niños creen en estas figuras, marca una fase crucial en su desarrollo, sobretodo en el período en el que aprenden a diferenciar lo real de lo imaginario”, explica Trinidad Antúnez Soza, psicóloga del Centro Psicológico Amancay.

Según explica Antúnez, esta etapa se ubica entre los 3 y los 6 años de edad, donde el mundo está lleno de juegos simbólicos, amigos imaginarios y firmes creencias en la magia y  seres con poderes fantásticos. Estas figuras ayudan a desplegar la fantasía y creatividad de los menores, además de crear recuerdos entrañables para siempre.

En este punto coincide la coach de crianza y psicóloga clínica Camila Bascou, quien explica que estas creencias son parte de la evolución socioemocional, donde se encuentran competencias tales como la creatividad, imaginación; así como lidiar con la espera por cosas que desean.

“En Navidad, el tener que aguardar un día específico para recibir los regalos que tanto sueñan, es una tremenda ayuda para fomentar la habilidad de la tolerancia, fundamental para los infantes estos días”, explica Bascou.

Según explica Bascou, otro punto importante al incorporar estas figuras a la vida de los niños es que: “a edades tempranas existe una confusión normal entre fantasía y realidad, que corresponde a la etapa del desarrollo de la inteligencia. Ello les ayuda a formarse una opinión del mundo, y a fomentar valores como la generosidad, solidaridad, amabilidad justicia, entre otros”.

¿Mentiras o tradiciones familiares?

Mentirle a un niño nunca será algo bueno, pero en estos casos los expertos señalan que estas figuras míticas son parte de la ilusión y la fantasía de la infancia. Entonces, más que mentiras malsanas, buscan hacer un bien al pequeño, jamás lastimarlo.

“Son una ‘mentirita piadosa’, ya que siempre se busca un objetivo positivo, y no se dicen con un afán de engañar porque sí, sino que estimular un clima familiar positivo, dando espacio a la creatividad, la imaginación, y por sobretodo de que los niños tengan la oportunidad de ser niños, ya que después tendrán toda la vida para ser adultos”, explica Camila Bascou.

Tanto la Navidad como la Pascua de Resurrección siempre tendrán ese importante componente de creer, donde todos se unen para crear una magia que para muchos parecería casi imposible. Con respecto al Ratoncito, desde su creación, siempre se ha buscado hacer de un momento traumático, un espacio de aprendizaje y juego, donde el niño deje de sufrir por el dolor de perder un diente.

“A cualquiera le gusta ver a un niño feliz, sobre todo a los padres. Es algo mágico, que hace que la infancia sea recordada de una forma bonita”, describe Antúnez.

Sobre la búsqueda de preservar estas costumbres, ambas psicólogas coinciden que las fiestas siempre fueron más entretenidas cuando eran niñas. Por su parte, Bascou disfruta el papel de padre gozando con la ilusión de sus hijos.

“Muchos tendemos a conservar estas creencias, ya que es una forma de conexión con el niño, y de hacer de estas fiestas y etapas algo lúdico, llevadero y armónico. Esto fomenta un estado de ánimo positivo, de compartir, del espíritu de solidaridad y valoración por la familia”, comenta Camila.

¡No te avergüences de creer!

Los jardines infantiles y colegios son todo un desafío para conservar la ilusión de los niños, ya que muchos de los compañeros de clase tienen hermanos mayores que ya no creen, o simplemente no existe la preocupación de los padres por estas materias.

“Los niños dejan de creer cuando están preparados, independientemente de lo que digan otros niños, siguen con la fantasía o con la duda de que ‘quizás es verdad’. Si es así, en vez de precipitarnos con una respuesta de que efectivamente no existe, lo mejor es que les preguntemos a ellos: ¿Qué crees tú?, y dependiendo de eso podemos ir acompañándolos respecto a lo importante que es creer y que no siempre se tienen que dejar influir por los demás”, explica Camila Bascou.

La despedida: Camino a la adultez

El minuto para dejar de creer llega una vez que los niños se encuentran preparados para ello. Si bien los expertos señalan que entre los 7 y 8 años muchos dejan de reconocer la existencia de estos personajes, el hecho de que un chico crea por más tiempo no tiene nada de malo.

“Esto se da sobre los 6 años de edad, donde el niño que sigue creyendo en estas figuras fantásticas es un regalo. Los padres que ya tienen hijos, sabrán que por sí solos los pequeños se dan cuenta. Y es mejor así”, explica Antúnez.

Por su parte Camila Bascou señala que los papás no tienen que apurar el proceso, ya que es algo que se dará por sí solo en el tiempo, cuando sus hijos se encuentren preparados para ello.

“No existe una edad específica para que esto ocurra, todo va a depender del desarrollo y el contexto sociocultural de cada menor”, explica la psicóloga,

Desde los 7 años en adelante, según detalla Bascou, los niños van adquiriendo progresivamente la capacidad para distinguir la fantasía de la realidad. Cuando esto ocurre se ve una evolución en el desarrollo del pensamiento del infante, marcando el paso de una inteligencia de tipo pre operacional a una inteligencia más formada.

Tips para mantener viva la ilusión

Seguir las tradiciones. No olvides las cosas que te hicieron feliz cuando niño y aplícalas con tus hijos.

Evitar que el menor esté expuestos a comentarios malintencionados de niños mayores que pueden acabar con la magia de estos momentos.

Es fundamental que se hable con los hermanos mayores, y se les explique que ellos pudieron disfrutar de esta ilusión, y que le den la oportunidad a los más chicos de que también lo hagan.

Los padres deben cuidarse de hacer comentarios inadecuados respecto de estos temas delante de los niños, y a su vez ser muy rigurosos a la hora de esconder los regalos, huevitos de chocolate, dientes, etc….

Generar una tradición de todos juntos en familia. Que todos se sientan involucrados en estas festividades y en que la magia funcione.

Se pueden realizar juegos y tradiciones, como dejarle una taza de chocolate y galletas a Santa Claus, una carta al conejito, perseguir las huellas, buscar la nariz roja de los renos, etc. Esto ayudará a formar tus propias tradiciones familiares.

¿Quiénes son estos mágicos personajes?

Viejito Pascuero o Santa Claus

Conocido en el mundo con cientos de nombres, este hombre barbón, que año a año trae regalos a los niños realmente existió en los primeros años de la Iglesia. Nicolás de Bari (o Mira), fue un obispo de origen turco, que dedicó su vida a ayudar a los más necesitados, creándose una verdadera leyenda en torno a sus historias y milagros. Sus obras de caridad dieron origen a la tradición de entregar regalos durante la Navidad, y también la de colgar calcetines o botas junto al fuego. Su figura sufrió ciertas modificaciones en el tiempo, quedando para siempre inmortalizada la del dibujante Thomas Nast, quien en 1863 le dió una apariencia bonachona, robusta y cambió sus ropajes color obispo por una vestimenta roja.

Ratoncito, Ratón de los dientes, Ratón Peréz o Hada de los dientes

Este personaje viene a visitar a los niños luego de que se les cae un diente. Junto con el hada de los dientes, de origen germano, traen sorpresas a cambio de los preciados molares de leche, mientras los pequeños duermen.  

En Francia se conoce como “La Petite souris” y en Italia como “Topolino” o “Topino”. El origen más probable sería un cuento del siglo XVIII de la baronesa d’Aulnoy: La Bonne Petite Souris (El buen ratoncito), que relata la historia de cómo un hada se convierte en ratón para derrotar a un malvado rey, ocultándose bajo su almohada, tras lo cual se le cayeran todos los dientes. Otro posible origen es el cuento escrito por el jesuita Luis Coloma en 1894 al futuro rey Alfonso XIII, de 8 años, a quien se le cayó un diente. El religioso imaginó un roedor que vivía con su familia dentro de una lata de galletas en la famosa confitería Prats, tan famosa por esos años, que quedaba a cien metros del Palacio Real de Madrid. El objetivo de este personaje es calmar el dolor y el trauma de perder un diente.

Conejito o Conejo de Pascua

Los orígenes de este animalito que esconde deliciosos huevitos de chocolate para los niños que se portan bien, tiene sus orígenes en las tradiciones paganas de los pueblos nórdicos, donde el conejo representaba la fertilidad y a la diosa Easter, a quien se le dedicaba el mes de abril, y se festejaba durante la primavera. Los años pasaron, y en el siglo XIX, la iglesia luterana incorporó esta imagen como símbolo de vida y felicidad, donde el “Osterhase” evalúa si los niños fueron buenos o malos durante el tiempo de Cuaresma.  Luego la tradición fue traspasada por generación en generación por los alemanes, llegando a América y masificándose rápidamente.

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