Déficit atencional, más que un niño disperso
Déficit atencional, más que un niño disperso

El Trastorno por Déficit Atencional (TDAH), reconocido como uno los desórdenes neuropsiquiátricos más frecuentes en la población infantil, y parte de los principales motivos de consulta para siquiatras infantiles y de adolescentes, es usualmente diagnosticado alrededor de los 6 años. Se trata de un trastorno del neurodesarrollo que interfiere en la capacidad de atención, de regular y controlar el nivel de actividad, en la propia conducta y en las emociones.

Por lo general los niños que lo presentan se distraen fácilmente a causa de estímulos irrelevantes, tienen dificultades para mantener la atención en las tareas e incluso en actividades como juegos, les cuesta seguir instrucciones y finalizar las tareas encomendadas, olvidan rápidamente las cosas, pierden objetos necesarios para sus quehaceres, tienen dificultad para organizarse y para quedarse quietos. Todo esto se ve reflejado en algunas ocasiones en el rendimiento escolar del menor, en el desarrollo de su personalidad y en su proceso de integración social.

De acuerdo a Elisa Reyes, siquiatra infanto-juvenil de Clínica Indisa, este trastorno “afecta a niños y adolescentes de todas las razas y ámbitos socioculturales en el mundo, es de curso crónico y con una persistencia de sus manifestaciones hasta la adolescencia y vida adulta en más del 70% de los casos. Además, hay estudios que indican que lo sufren más los hombres que las mujeres”.

Para diagnosticar…

Para estar seguro si los menores la padecen, es necesario visitar a un especialista, quien se fijará en si cumple con lo siguiente:

– Corto tiempo de atención y dificultad para mantenerla sobre bases consistentes.

–  Susceptibilidad a distraerse frente a ciertos estímulos externos.

– Impresión externa de no escuchar bien.

– Fallas repetidas en seguir instrucciones o en completar tareas escolares.

– Escasa capacidad de organización: olvidos, falta de atención a los detalles y pérdida de cosas necesarias para realizar la tarea.

– Hiperactividad.

– Impulsividad.

– Conductas disruptivas o agresivas.

– Tendencia a realizar actos potencialmente peligrosos sin medir los riesgos.

– Dificultad para aceptar la responsabilidad de sus acciones.

– Baja autoestima en algunas ocasiones.

– Dificultad en habilidades sociales.

Tratamiento

Según Elisa Reyes, este dependerá de la situación de cada menor. En primer lugar, se debe crear un vínculo terapéutico entre el paciente y su siquiatra para así crear un esquema específico e individual, considerando sus áreas de dificultades. Asimismo, es necesario buscar motivaciones y establecer metas para tener un tratamiento exitoso. Sin embargo, muchas veces esto no basta y es necesario el apoyo farmacológico para lograr los resultados que se esperan.

También es necesario realizar ciertos cambios familiares y en la casa como los hábitos de sueño, de comidas y recreativos. En cuanto a esto último, hay investigaciones que demuestran que mientras más horas pasen los niños frente a una pantalla, más hiperactividad e impulsividad presentarán y, por ende, más problemas de concentración. Por lo tanto, limitar su uso es trascendental a la hora de enfrentar estos temas.

Tips para los papás

Si ya descubriste que tu hijo padece de TDAH, sigue estos consejos que comparte la siquiatra:

– Conozcan las características de este trastorno, puesto que no es un asunto de voluntad ni de falta de inteligencia por parte de los menores.

– Aprendan técnicas de entrenamiento parental como manejo de contingencias, acuerdos conductuales y formas de refuerzo activo.

– Diferencien las conductas no negociables de las que sí lo son.

– Conozcan técnicas destinadas a facilitar la comunicación y a la resolución de problemas.

– Aspectos evolutivos de los síntomas

Lactante

– Duermen poco, se mueven mucho, despiertan frecuentemente.

– Están inapetentes, lloran durante las comidas y se alimentan por periodos breves.

– Están irritables en exceso.

– Presentan un temperamento difícil para los padres.

Preescolares

– Son muy activos e impulsivos y con breves periodos de atención.

– Muchas veces actúan inapropiadamente en situaciones estructuradas.

– Cambian de actividad impredeciblemente, cruzan la calle sin mirar, quitan juguetes y pegan sin provocación.

Escolares

– Tienen dificultades académicas persistentes, lo que se traduce en bajas notas, mayor repitencia, más expulsiones, mayor tasa de deserción y menor tasa de término de estudios.

– Pierden detalles de tareas, ‘sueñan despiertos’ durante las clases y tienen dificultad para organizarse en sus labores.

– Son disruptivos en clases, verbal o físicamente.

– A pesar de tener dificultades atencionales, si la tarea los motiva pueden concentrarse adecuadamente.

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