Displasia de caderas
Displasia de caderas

Si esta malformación no recibe el cuidado adecuado, en el largo plazo puede generar problemas como cojera y artrosis. Por eso es fundamental poner atención desde el nacimiento para detectarla precozmente y prevenir sus efectos secundarios.

La displasia de cadera, también conocida como luxación de cadera, es una malformación congénita que puede afectar al bebé desde pequeño. Por eso, es importante diagnosticarla y corregirla en los primeros meses. Se trata de una alteración en el desarrollo de la articulación de la cadera, que se produce cuando la cabeza del fémur (el hueso del muslo) y el acetábulo (la cavidad de la pelvis) no encajan de una forma exacta y rotan en posición incorrecta.

Puede ser de carácter leve (displasia), moderada (subluxación) o severa (luxación). En los casos más simples, se trata de un aplanamiento de la cavidad que acoge la parte superior del fémur, el cual tiende a desplazarse. Y en los más graves, el hueso abandona su lugar y se sitúa fuera de su posición natural.

DIAGNÓSTICO

En general, se puede detectar en los primeros chequeos después del nacimiento, cuando el neonatólogo revisa la posición de las caderas de la guagua con las maniobras de Ortolani y Barlow. Sin embargo, la mayoría de los casos de displasia leve solo se detectan con una ecografía el primer mes o con una radiografía a los 3 meses. “En ocasiones, hasta que el niño no empieza a caminar, no se detectan los síntomas. Un retraso en el inicio de marcha, cojera o inestabilidad al caminar pueden ser indicios de displasia”, explica el Dr. Sergio Ambiado, neonatólogo de Clínica Indisa.

Hay que destacar que es necesario realizar una ecografía de caderas durante el primer mes en todas las guaguas que nacen en podálica, es decir, que vienen en posición con las nalgas hacia abajo. Lo mismo sucede cuando existen antecedentes familiares, porque estos recién nacidos tienen mayor riesgo de presentar esta malformación.

Que el diagnóstico se efectúe a tiempo es primordial para un control eficaz de la displasia. Cuando el menor empieza a dar sus primeros pasos, si el peso del cuerpo no está sostenido por una correcta articulación, se pueden producir serios inconvenientes como lesiones en los huesos o asimetría en las extremidades inferiores y padecer de artrosis precoz en la cadera en la adultez.

TRATAMIENTO

El tratamiento adecuado debe ser indicado por un traumatólogo infantil, quien determinará la mejor forma de mantener la cabeza del fémur firme durante un determinado período de tiempo, para que este hueso y la pelvis se desarrollen correctamente y así la articulación se normalice. La técnica que se emplee para esto dependerá de si se trata de una displasia leve, media o grave.

– Displasia de cadera leve: se puede resolver con una prótesis blandita, que conserva el fémur en su sitio, alargando ligeramente las piernas. Permite que el niño se pueda mover con libertad. Con frecuencia se aconseja cargar al menor a horcajadas sobre un lado el máximo tiempo posible y también que el pequeño duerma boca arriba con las piernas ligeramente abiertas.

– Displasia de cadera media: se recurre a prótesis rígidas que mantiene las piernas flexionadas y ligeramente abiertas. No permite que el niño pueda juntar las piernas ni estirarlas.

– Displasia de cadera grave: hay que utilizar un vendaje que inmoviliza completamente la pierna y la pelvis durante 3 semanas.

Teniendo el cuidado necesario y el diagnóstico adecuado, la displasia de cadera no debería tener repercusiones en la calidad de vida del bebé cuando crezca. Pero para eso hay que poner atención desde su nacimiento.

MANIOBRAS DE ORTOLANI Y BARLOW

Las maniobras de Ortolani y Barlow son las que permiten diagnosticar una displasia de cadera y se practican en todos los recién nacidos. Consisten en una serie de movimientos con los cuales se flexiona y abre con delicadeza las piernas de la guagua, para comprobar si la articulación funciona de una forma anómala. Sin embargo, a veces estas técnicas por sí solas no son suficientes para identificar la malformación. Ahí es cuando la ecografía adquiere relevancia, porque proporciona una imagen profunda de las displasias leves. Debe realizarse entre la cuarta y sexta semana de vida.

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