Educando emociones
Educando emociones
Consejos para orientar los sentimientos de tu hijo

Los padres destinan mucho tiempo a enseñarles a sus hijos a sentarse, caminar y hacer pipí; sin embargo, no toman mucha conciencia de la importancia que tiene el orientarlos con respecto a sus sentimientos. Este es un proceso tan esencial como los anteriores, pues le entrega las herramientas para que comprenda lo que le pasa.

Ya es sabido que las pataletas -muy frecuentes en menores de entre 2 y 5 años- tienen relación con la dificultad que presentan ciertos niños en identificar sus emociones. Al no controlarlas, tienden a ’explotar’ con llantos y golpes, que no son más que manifestaciones de su frustración.

Frente a esto, los padres deben mostrar empatía por el sentir del menor, sin importar lo pequeños que ellos sean. Por ejemplo, cuando llore, incluso si no sabe hablar, se sugiere intentar identificar qué es lo que puede estar sintiendo.

Es esencial que esta empatía se utilice tanto para concientizar emociones negativas como positivas, pues algo que para los padres resulta cotidiano, para los menores puede ser motivo de alegría, y ese sentimiento busca ser validado por sus referentes. Además, no hay que olvidar que los más chicos aprenden imitando, por ende, los adultos serán su ejemplo a seguir en este ámbito. Lo ideal es transparentar los sentimientos y hacerlos parte de las rabias, penas y alegrías, enfatizando el mencionar lo que se está viviendo.

Con el simple ejercicio de verbalizar las emociones por su nombre (alegría, preocupación, envidia, etc.) y hacerlas parte de las conversaciones cotidianas, se estará guiando al niño para que cuando él sienta algo similar, pueda encasillarlo y entenderlo como un estado natural en el ser humano.

Si una emoción negativa viene acompañada de un acto agresivo, es imprescindible aclarar de inmediato que se empatiza con su sentimiento, pero no con el comportamiento, puesto que es muy válido que un niño se enoje con otro por quitarle un juguete, pero esta rabia no puede expresarse con un golpe o insulto. Para que el infante pueda comprender toda esta información y sienta la confianza de hablar los temas que lo acongojan, es fundamental fomentar una comunicación abierta, basada en el respeto y en la empatía. Que se sienta escuchado y acompañado.

Por el contrario, el hecho de negar un sentimiento o emoción es un retroceso en términos de desarrollo de la emocionalidad, por ende, los expertos recomiendan eliminar del vocabulario frases tan antiguas como “los hombres no lloran” o “no te puede haber dolido, si te caíste despacio”, debido a que el mensaje que se les está traspasando es que sus estados no son válidos, y comenzarán a dudar de su propia percepción, sintiéndose invalidados frente a un hecho concreto como puede ser el dolor físico.

Si a pesar de los esfuerzos no se logra la verbalización y el niño tiende a tomar una actitud hermética o, por el contrario, arma una pataleta, existen juegos en los que se enseña a identificar los sentimientos. Estos consisten principalmente en láminas con imágenes de menores manifestando una emoción, la que debe ser descrita por el infante. Al conseguir identificarla en el otro, aprende que lo que él siente tiene un nombre y de seguro a futuro será capaz de identificar lo que está sintiendo.

El desarrollar el crecimiento emocional de los menores es fundamental para que luego consigan enfrentar los obstáculos y frustraciones de la vida de manera positiva. Además, serán capaces de empatizar con quienes lo rodean, favoreciendo su sociabilidad y a la vez reforzando su autoestima.

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