El ocio, una herramienta importante
El ocio, una herramienta importante
Conoce sobre su importancia

Hoy en día nos encontramos con el fenómeno de niños sobreestimulados, donde los padres los saturan de información, impidiendo que se generen las instancias de tiempo libre o momentos de silencio, en las que el pequeño puede echar a volar su imaginación.

El ocio es una actividad fundamental en el ser humano, ya que en este encuentra diversión, relajación e introspección. Al igual que en los adultos, este tipo de recreación es sumamente importante para los niños. No solo por el nivel de goce que puede sentir, sino también porque mediante este los menores aprenden. A través del tiempo libre consiguen percibir el mundo y entender cómo funciona. Para ellos todo es completamente nuevo e interesante y su sorpresa ante lo que sucede puede ser su mayor motivación para querer descubrir lo desconocido e imaginar las posibles respuestas.

Catherine L’Ecuyer, autora de los libros “Educar en el asombro” y “Educar en la realidad” sostiene que el misterio es el motor que propulsa el descubrimiento y que los niños se ven fascinados ante este, porque ven en él una oportunidad infinita de conocer y asombrarse. Estos factores permiten que los pequeños se enfrenten de una forma natural a lo desconocido y desarrollen su imaginación. “Si nos fijamos bien, constatamos que los menores tienen una capacidad de asombro realmente admirable y sorprendente ante las cosas pequeñas, los detalles que forman parte de lo cotidiano. El ruido que hace el papel de un regalo, la espuma del baño que se les queda pegada en los deditos, las cosquillas que hacen las patitas de una hormiga en la palma de la mano, lo brillante de un objeto encontrado en la calle. Esta capacidad de asombro es lo que lo lleva a descubrir el mundo. Mediante las cosas diarias y simples de la vida, los niños aprenden, satisfacen su curiosidad y generan una autonomía para entender los mecanismos naturales de los objetos que lo rodean”, explica en su obra.

Descubriendo el mundo
Estudios han demostrado que el aburrimiento permite que los niños mejoren sus capacidades de adaptación e integración en actividades grupales. Al mismo tiempo que aumenta su creatividad, hace que manejen mejor sus emociones y desarrollen nuevas formas de inteligencia.

Cuando los menores están en pleno desarrollo es cuando más presentan la necesidad de descubrir por sí solos su entorno. Esto no quiere decir que no los debamos estimular, pero sí es necesario darles un espacio para que ellos puedan explorar aquellas cosas que le llaman la atención.

El tiempo que se dedica al ocio es poco valorado por los adultos, pero incluso la Convención Internacional de los Derechos del Niño sostiene que el tiempo libre es un derecho fundamental para los menores, ya que mediante el juego y la imaginación los más pequeños logran un correcto desarrollo físico y sicológico.

Hipereducación
Muchos padres se preocupan si están entregando suficientes experiencias a sus hijos. Sin embargo, los niños también requieren espacios de inactividad. La clave está en encontrar el balance sobre los pasatiempos que nutren física y sicológicamente a los más pequeños.

La hipereducación es la obsesión por adelantar las etapas cognitivas y afectivas del infante para que sea un ‘superniño’. Las horas de juego se convierten en momentos de aprendizaje y el ocio pasa a un tercer o cuarto plano. No obstante, la hiperestimulación los agota, los hace sentirse sobrepasados e incluso puede generar frustración.

No solo está demostrado que el bombardeo externo de estímulos no hace niños más inteligentes, sino que además puede generar problemas de aprendizaje en ellos. Por eso, es esencial dejarlos crecer a su ritmo, respetando sus espacios de entretención y silencio, para que puedan recrear su mente e imaginación.

Para que el tiempo de ocio sea productivo, se recomienda que los menores sean los creadores de sus propios juegos, sin que estos instrumentos sean dependientes de una pila o un botón. Es el infante el que debe ponerlo en marcha y no al revés. Así consigue pensar y generar preguntas, las cuales, de vez en cuando, puede ser bueno que queden sin respuesta. No hay que olvidar que si frustramos su imaginación, estamos matando sus ilusiones y acortando su infancia, una etapa sagrada que como padres debemos respetar.

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