El poder curativo de las manualidades de Silvia Tapia
El poder curativo de las manualidades de Silvia Tapia

La habilidad de crear siempre ha tenido efectos positivos en la vida de las personas, pero para esta ingeniera civil fue su tabla de salvación y la forma de conectarse con las personas que más quiere.

“Todos los niños nacen siendo artistas, lo difícil es seguir siendo artista cuando crecemos”. Estas son las palabras de Pablo Picasso que Silvia Tapia, ingeniería civil industrial de la Universidad de Chile y creadora de Craftbox (www.craftbox.cl), usa para definir la importancia de las manualidades en la vida de los menores y también en la de los adultos. El arte se ha convertido para ella en una vía para sanar su dolor y unir a su familia conformada por su marido Cristián, Santiago ‘Tiago’ (9 años), Marianita ‘La chica’ (6 años), Cristián ‘El camarón’ (7 meses), Margarita (3 años), quien los acompaña desde el cielo, y la perra Carlita.

“Adonde podemos, partimos juntos como clan y no pasamos desapercibidos. Nos encanta ver películas abrazados y comiendo algo rico, trabajar en algún proyecto manual para la casa, pero, sobre todo, nos fascinan los paseos, viajes a lugares nuevos, recorridos en auto, contar historias antiguas, comer tonteras y disfrutar de la compañía mutua”, cuenta Silvia.

¿Cómo comienza la historia de tu familia?

Aunque parezca un relato inventado, desde el primer momento en que vi a mi marido en la universidad dije “es él”. Pero estar juntos no fue tarea fácil, puesto que compartimos solo un ramo y yo estaba en el último año de la carrera. Tuve que hacer un trabajo de joyería para que me invitara a salir. Después de nuestra primera ‘cita’ no nos despegamos más, y ya llevamos 16 años juntos, cargados de aventuras, viajes y locuras. Uno de los capítulos más notables fue cuando al terminar unas idílicas vacaciones en Morro de Sao Paulo, decidimos irnos a vivir por un año a ese maravilloso lugar. Arrendamos un hotel que administramos y disfrutamos a concho, una especie de curso intensivo de emprendimiento, donde nos tocó hacer de todo, desde los baños hasta las reservas y, entre un sinfín de cosas notables que pasaron ahí, Cristián me pidió matrimonio, con rodilla en el piso y anillo en mano, así como en las películas. ¡Obvio que le dije que sí! Tuvieron que pasar varios años, hasta que en 2011 nos casamos en Pica con nuestro hijo mayor en brazos.

Y dentro de tantas aventuras, ¿cuándo decides convertirte en mamá?    

Después de un año, con pena dejamos Brasil y postulamos a una beca de la Minera Escondida y nos fuimos a Australia a hacer un Magíster en Globalización. Recorrimos ese país, además de China y la India, que también formaban parte del programa, para darnos cuenta de que ya era el momento de transformarnos en una familia ‘con niños’. Sin mucho intento, y mientras vivíamos en el extranjero, llegó Tiago, lo que nos cambió la vida por completo y decidimos volver a Chile. Nos fuimos a vivir al norte, donde ambos trabajamos en minería. Un año después de nuestro matrimonio nació Marianita, nuestra pequeña diva.

¿Es muy sacrificado ser una mamá que trabaja?

Cuando volví a trabajar después de mi postnatal comencé a darme cuenta de que no quería perderme los primeros años de mis niños. Se me hacía difícil compatibilizar mi trabajo y la familia, además sentía que en las horas laborales tenía mi cabeza en mis hijos y cuando estaba con ellos no dejaba de pensar en mis pendientes de la pega. Fue así como con mi Marianita de casi 2 años y embarazada de Margarita, mi tercera hija, opté por dejar mi trabajo y volver a Santiago.

¿Cómo fue ese regreso?

Volvimos el verano del 2014 con la ilusión de comenzar una nueva etapa de nuestras vidas. Con Margarita en camino, casa y vida nueva, me sentía muy realizada de vivir mi sueño de ser mamá full time. Sin embargo, el destino, el universo y Dios tenían otros planes, y a solo un mes del nacimiento de nuestra hija, se fue a vivir al cielo, luego de que una extraña bacteria decidiera quitarnos la alegría de nuestros corazones. Fue un tiempo muy duro. Pero después de la tormenta siempre sale el sol, y dos años después le dimos la bienvenida a nuestro cuarto hijo, Cristián, quien ha venido a mostrarnos la felicidad de la vida otra vez.

¿Cómo compatibilizas actualmente el ser mamá con el trabajo?

Cuando me preguntan cómo lo hago, mi respuesta es siempre la misma: mi trabajo principal es cuidar a mis niños y a mi familia. De acuerdo a esa prioridad organizo todo el resto, lo hago con el mayor amor y felicidad del mundo, porque con lo que he recorrido en mi vida, me he dado cuenta de que ser mamá es lo que me hace más feliz. El resto siempre está en segundo plano. Tengo la suerte de tener una muy buena red de apoyo, empezando por el crack de mi marido, que me ayuda cada vez que necesito tiempo para hacer los talleres, sentarme a crear o grabar los tutoriales. Él es mi apoyo principal y hace un trabajo espectacular.

¿De dónde viene tu amor por las manualidades?

Este nace siendo yo muy chiquitita, quizás motivada por mi abuela que era muy buena para coser, tejer y siempre estaba emprendiendo. Otro punto importante fue que mis papás eran dueños de una juguetería y librería, así que siempre tenía muchos materiales disponibles.

¿Cómo has traspasado este gusto por las manualidades a tus niños?

El amor de mis hijos por las manualidades no solo viene de mí, sino que también de mi marido; él es carpintero aficionado y además cose a máquina. Todas las camas y cunas las ha hecho él, y también muchos disfraces. Nos gusta mucho arreglar la casa, por lo que las actividades creativas y manuales son parte de nuestra vida diaria, cosas que hacemos siempre juntos y que es imposible no encantarse. Todas las navidades hacemos los adornos y algún regalo para toda la familia, desde que eran guaguas estampando sus manos, siempre han estado presentes los niños en todos los regalos DIY que hacemos como familia.

¿Cuál fue tu inspiración para crear Craftbox?

Después del fallecimiento de Margarita comencé a somatizar mi pena con diferentes dolencias: recuerdo una tos crónica, se me quedaba cerrada la mano, sentía dolores en todos lados. Frente a eso, mi hermano -que es doctor- me dijo que no me iba a sanar con medicamentos, porque mi dolor era del alma, y me aconsejó meditar. Es así como empecé a practicar mindfulness -concepto sicológico llamado también atención plena, donde a través de la meditación la persona se concreta 100% en el presente-, con grandes resultados, puesto que me daba la paz y tranquilidad interior que necesitaba. Así hice cursos de pastelería, pintado de pizarra y lettering, entre otros. Fue en un curso de @negramariaoficial que decidí sanarme pintando. Empecé con platos para mi casa, luego a pedido y un día mi hija Marianita me ofreció, súper convencida, para que les enseñara la técnica a su curso, niños de 4 años. Sin darme cuenta me encontré haciendo mi primer taller y de ahí no paré. Fue en ese instante que en mi mente y corazón nació la idea de meter esta experiencia en una caja que pudiera llegar a muchos hogares en Chile, sobre todo a las mujeres de regiones. Entonces me senté frente al computador y creé las primeras 10 Craftbox, y el nombre viene del concepto ‘caja de manualidades’. 

¿Tienes sueños a futuro con respecto a Craftbox?

En el futuro quiero seguir creciendo con mi presencia online y llegar cada día a más mujeres de todo Chile. Me encantaría que Craftbox fuera una subscripción, y que todos los meses te llegue una manualidad nueva. Además, sueño con tener un café en donde hagamos talleres, un lugar donde puedas entrar y darte un tiempo para relajarte, ser creativa y comer algo rico.

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