Enséñale a pensar antes de actuar
Enséñale a pensar antes de actuar
Consejos para estimularlos

¿Te has preguntado a partir de qué edad pueden fomentarse las funciones ejecutivas? Si quieres que tu hijo aprenda a planificar y organizarse en cada una de sus actividades diarias, motiva la adquisición de este tipo de habilidades desde pequeño.

¿Sabes qué son las funciones ejecutivas?
Son aquellas habilidades mentales que enseñan a planificar, organizarse, resolver problemas estratégicamente, regularse, encontrar una solución adaptativa a las tareas o llegar a una meta.

Entre las principales se pueden encontrar:
– Memoria de trabajo: es la capacidad activa de almacenamiento y transformación temporal de contenido. Por ejemplo, es el primer paso para la comprensión lectora y el razonamiento.
– Flexibilidad mental: es la capacidad adaptativa que posee el cerebro para enfrentar situaciones nuevas o cambios.
– PlanifIcación: es la habilidad para elaborar una secuencia de acciones que llevan a concretar una meta. Implica adelantarse y anticipar un plan pensando en el futuro.
– Inhibición: es la destreza para controlar respuestas impulsivas o automáticas y propiciar aquellas basadas en el razonamiento.

El desarrollo de estas funciones requiere de años y se da a lo largo de la vida. En la etapa preescolar se produce su mayor evolución, continuando en peak ascendente en la adolescencia.

Para estimular estas funciones desde pequeños, los padres deben fomentar en sus hijos la realización de ejercicios diarios que les permitan poner en práctica sus habilidades. Por ejemplo, hacer tareas esperando un premio final y no inmediato; dividir los quehaceres para alcanzar metas más sencillas, evitando así la frustración y promoviendo logros consecutivos; estimulándolos a desarrollar redes neuronales complejas a través de la interpretación de un instrumento musical, el conocimiento de un segundo idioma o la práctica de yoga, meditación o artes marciales, que los obligue a salir de su zona de confort y experimentar aprendizajes nuevos, consiguiendo así aumentar la neuroplasticidad de su cerebro.

La relación amorosa, positiva y receptiva es fundamental para que los niños se sientan en un espacio seguro para fomentar estas destrezas. Por lo que los padres deben ser pacientes y realistas en la asignación de quehaceres y definición de rutinas, dándoles tiempo a los niños para que aprendan a razonar e incrementen su autonomía.

En caso de notar deficiencias relevantes en este aspecto, existen diversos tests, talleres o juegos cognitivos para promover su desarrollo.

Estimúlalos día a día
Divide las tareas en etapas. Enséñales a visualizar en pequeños hitos para que no se vuelva inalcanzable o demasiado complejo el objetivo final. Así evitará frustrarse o abrumarse.
– Maneja el tiempo. Busca objetivos en etapas para estimular la motivación de logros y anticipar imprevistos. Manejar el tiempo permite focalizarse y ordenarse.
– Incúlcales la práctica de algún deporte. La atención focalizada sostenida, toma de decisiones asertiva y otras habilidades se pueden desarrollar en actividades de este tipo.
– Amplía su diccionario emocional. Enséñales a expresar emociones introduciendo nuevo vocabulario para salir de los básicos pena, rabia o alegría. Niños que expresan sus emociones asertivamente tienden a manejar mejor la frustración y, por ende, regular sus emociones.
– Difunde en ellos la importancia del orden, listas y planificación. Son útiles los calendarios, hojas de trabajo o lo que sea que los ayude a ordenar su semana/mes. Cumplir compromisos se hace clave para lograr autonomía en el futuro.
– Música, la mejor aliada. Desde bailar o cantar hasta tocar un instrumento promueve la conexión interhemisférica y los vuelve mentalmente flexibles.
– Motívalos a que hagan obras de teatro, jueguen memorice o cualquier otra actividad que haga lúdica la práctica de la memoria de trabajo.
– Las aplicaciones son aconsejables, hay varias gratuitas que permiten llevar puntajes diarios de los avances. Si no quieres que usen pantallas, opta por juegos clásicos como laberintos, crucigramas o las diferencias.

 

Por Alejandra Escandón V.
Neurosicóloga, Cornell University
Especialista en Bio/Neurofeedback BCN
Presidenta de la Fundación de Neurosicología de Chile (NFCH)
Directora de Andes Neurofeedback
www.andesneurofeedback.com

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