Expresando sus sentimientos
Expresando sus sentimientos
Consejos para saber cómo actuar

Una escena habitual dentro de un supermercado puede ser cuando tu hijo se empecina por llevar un juguete que te niegas a comprar y, del llanto pasa a los gritos, al suelo y a una pataleta que todos los clientes miran y comentan. Aquí te damos algunas recomendaciones que te pueden servir en estas situaciones.

Rabia, pena, miedo, frustración o un simple descontento pueden desencadenar una pataleta. Estas son manifestaciones de las emociones que a temprana edad son difíciles de manejar, por lo que acá el apoyo de los papás o cuidadores se transforma en la única solución.

Los berrinches son considerados como expresiones completamente normales dentro del desarrollo de los menores de entre 2 y 4 años de edad. Tanto su periodicidad como intensidad van disminuyendo a medida que el pequeño crece, tendiendo a desaparecer hacia los 5 años.

Pero a pesar de que en la teoría estén consideradas como parte del desarrollo infantil, en la práctica la situación es insostenible y puede provocar el rompimiento de un vínculo fundamental de amor y respeto entre los padres y el menor.

¿Cómo actuar?

Calma: para quienes han vivido esta experiencia, la palabra calma suena casi utópica; sin embargo, expertos aseguran que es esencial que los padres, o quienes estén presenciando una pataleta, conserven la tranquilidad durante todo el periodo, aunque sean minutos difíciles. El no respetar esta regla de oro transforma la situación en un círculo vicioso, difícil de detener.

Empatía: los adultos deben empatizar con los sentimientos del niño, así los pequeños se sentirán seguros de expresar sus frustraciones y tendrán la confianza de recurrir a ellos cuando lo requieran.

Negociación: para calmar la situación, una buena alternativa es ofrecerles algo que los ayude a cambiar su foco de atención. Por ejemplo, si no quieren bañarse, planear un juego al interior de la tina que convierta la vivencia en un evento positivo.

Libertad de movimiento: muchos especialistas aconsejan no contenerlos físicamente, porque esto podría generar mayor enojo. Es mejor controlarlos a través de un tono de voz suave y agacharse a la altura del niño, para que no se sientan intimidados.

La integración de estas recomendaciones puede producir cambios visibles a corto plazo. Pero es fundamental que los padres entiendan que es una solución integral, que probablemente no logre buenos resultados si hay ausencia de alguna de ellas.

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