Hijo del medio, el jamón de sándwich
Hijo del medio, el jamón de sándwich

Por lo general son caracterizados como tímidos, solitarios o que quieren llamar la atención. Lo cierto es que ser el del medio tiene sus bemoles, y los padres deben saber cómo actuar para criar niños sanos y felices, independiente del orden en el que hayan nacido.

“La ubicación que un niño tiene dentro de una familia es súper importante, no es lo mismo ser el mayor, el menor o el del medio. Esto determinará la manera en que percibirán el mundo y en el que serán percibidos por los demás”, sostiene Carmen Gutiérrez, jefa de la carrera de Sicología de Universidad del Pacífico. “Existen teorías que esto se debe a que a los primeros hijos le tocó padres más inexpertos, ansiosos, nerviosos, estrictos, por lo que son pequeños más apegados a la norma, al deber ser, con un sentido de protección de sus hermanos. Ellos son los que han tenido que abrir camino para el resto de los menores. También plantean que los más chicos son los más regalones y consentidos, los papás poseen más experiencia, por lo que son más confiados y relajados en la crianza. Y por otro lado se habla de que los del medio son los más olvidados y los menos considerados por sus padres”, agrega la especialista.

Tímidos o rebeldes
En la mayoría de los casos es normal que el segundo hijo pueda sentirse ‘menos querido’ o creer que sus papás le prestan poca atención, pero, por lo mismo, el esfuerzo de los adultos debe apuntar a aminorar ese sentimiento.

De acuerdo a distintas experiencias, frente a esta situación pueden haber dos respuestas: convertirse en niños muy tímidos y retraídos, como que están siempre en segundo plano o, por el contrario, como acto de rebeldía ser los más revoltosos.

Los primeros se distinguen por ser más bien observadores, no participan activamente en grupos sociales, a no ser que se sientan muy a gusto, y siempre quieren estar cerca de sus padres, buscando cariño y aceptación. Por su parte, los rebeldes se identifican por pelear con sus compañeros, portarse mal y un bajo rendimiento escolar.

Muchos de los hijos intermedios buscan amigos y se relacionan fuera del grupo familiar en donde, quizás, no se sentirán puestos de lado. A veces ellos tienen una sensación de no pertenencia y de bastante inseguridad. Por eso es esencial que los padres estén muy pendientes de eso, ya que a veces esas amistades pueden ser peligrosas.

Asimismo, estos menores se caracterizarían por crecer sin la presión que se ejerce sobre el hijo mayor y sin la excesiva protección que se da al menor. Los padres, al ser menos exigentes, predisponen en sus niños a desarrollar actitudes más relajadas frente a la vida. Sin embargo, deben esforzarse más para ser reconocidos y pelear más duro para conseguir la atención de los adultos.

A cada uno lo que necesita
El cariño, comprensión y valoración que los padres den a cada uno de sus hijos los convertirá en personas seguras de sí mismas. Ellos son los adultos y, por lo tanto, los responsables de que las relaciones entre sus hijos fluyan adecuadamente y para ello deben demostrar que a todos los quieren por igual, aunque pudiera ser de distintas formas.

Es esencial pensar en la singularidad de cada hijo, buscando los aspectos positivos de ellos, orientándolos y fortaleciendo sus aristas emocionales. Asimismo, resulta necesario entregarles aliento y libertad de expresión, de modo que el niño crezca en un ambiente donde se sienta autorizado para compartir y hablar acerca de todas sus emociones e inquietudes: amor, miedo, rabia, alegría.

La infancia es una etapa de la vida que deja huellas muy instaladas en todos los niños, por ello, no es correcto hablar de una atención especial para los hijos del medio, sino tener presente que todos los menores necesitan sentirse cuidados, queridos, respetados en sus requerimientos y estimulados en sus posibilidades.

Una pequeña ayuda
• Dedicarle un tiempo especial a ellos, a la hora de ir dar un paseo, por ejemplo, que sienta que hay momentos donde recibe la atención del papá o de la mamá en exclusividad.
• Festejar sus logros y no retarlo todo el tiempo. En vez de decirle todo lo que hace mal, mencionarle lo que hace bien, así le gustará sentirse reconocido y lo motivará para hacer las cosas mejor, en lugar de realizarlas mal para llamar la atención.
• Hacer entender a los hijos que todos tienen los mismos privilegios y que no existe una preferencia por uno o por el otro.
• Para evitar las peleas entre hermanos, tener en cuenta que jamás hay que comparar a los hijos. Ya sea el primogénito, el intermedio o el menor, es esencial manejar sus aciertos de manera individual.

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