La cromoterapia a favor de los menores
La cromoterapia a favor de los menores
Con la colaboración de Crayola

Esta técnica consiste en el uso de los colores para el tratamiento de problemas emocionales y de conducta. De esta manera, las distintas tonalidades tienen significados inherentes que influyen en el estado de ánimo de los más pequeños.

La cromoterapia, también llamada colorterapia, es un tratamiento alternativo que está basado en el uso de tonalidades como auxiliares para la armonización del cuerpo y, por tanto, para la sanación natural de diversas enfermedades.

Es una terapia que data de hace miles de años, específicamente antes de Cristo, en la época de culturas como Mesopotamia, las cuales ya usaban las tonalidades para distintas afecciones. Basada en la sicología del color, estipula que a partir del estímulo neurológico que pueden efectuar estos, disminuimos o propiciamos ciertas emociones y conductas.

De acuerdo con esta visión, los tonos tienen significados inherentes pese a las interpretaciones que pueda presentar cada persona y cultura. De esta manera, la cromoterapia trabaja con 8 y cada uno de ellos posee distinta vibración que influye en los niños.

Rojo: es un color estimulante que propicia ser extrovertido. Sin embargo, su utilización en personalidades que no son tímidas o con ciertos problemas de conducta pueden provocar fatiga, irritación o agresividad.

Blanco: está asociado con la pureza, la armonía y la paz, contribuye a sentir energía y optimismo.

Naranjo: favorece el trabajo de duelos y problemas en relaciones interpersonales, impulsa los cambios y la valentía para afrontar los retos de la vida.

Amarillo: aumenta la actividad mental, por lo que estimula el cerebro y el sistema nervioso. Permite incrementar la capacidad de concentración, concretar objetivos, superar miedos, mejorar los reflejos y estimular la creatividad.

Azul: está relacionado con sensaciones de estabilidad, serenidad y confianza. Produce un efecto de paz y calma. Por esta razón, puede beneficiar en problemas como no poder dormir.

Verde: es un color que propicia el equilibrio, volviéndolo efectivo en el tratamiento de problemas de estrés y cansancio.

Violeta: al ser la combinación entre la fuerza del rojo y la tranquilidad del azul, lo convierte en uno de los tonos más equilibrados. Contribuye al desarrollo de la creatividad e intuición y disminuye sensaciones de nerviosismo.

Negro: está connotado, especialmente para el ámbito de los niños, como un color relacionado al miedo. Sin embargo, puede propiciar un efecto de vigor y agresividad que utilizamos para defendernos de otras personas y de nuestro entorno.

Estas tonalidades pueden ser aplicadas de acuerdo a la situación y necesidad que se presente. No obstante, también debes considerar la afinidad que estos tienen con la personalidad y preferencias de tu hijo.

Una vez que tengas claro los temas a trabajar, puedes buscar diversos ámbitos de tu vida cotidiana donde puedas agregarlos. Por ejemplo, puedes pintar la pieza de tu hijo, ya que este es el espacio principal donde él descansa. Conversen sobre sus preferencias, sobre el tono que lo hace sentir mejor y, a la vez, exploren sobre el color y pregúntate qué deseas transmitirle al menor.

También puedes hacer ejercicios diarios de coloreado, un trazo y figura pueden permitirle a tu hijo expresar sus emociones y experiencias que tuvo durante el día, sin tener que hablar directamente contigo. Estimúlalo a que pinte por lo menos 3 veces por semana, permítele hacerlo con diversos materiales, de esa forma, tendrá mayores escenarios para comunicarse.

Prueba la cromoterapia con tu hijo, descubran juntos cómo la creatividad y energía de los colores puede incidir en su ambiente y estado de ánimo. Acompáñalo de otras terapias físicas y/o sicológicas, no hay restricciones al respecto.

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