La importancia de los límites
La importancia de los límites

Es fundamental que los niños aprendan hasta dónde pueden llegar en la relación con sus padres. En el desarrollo de su personalidad, los pequeños ensayan y comprueban estos límites y pondrán a prueba a los adultos en numerosas ocasiones.

Sobre la ideología que tienen los padres y crearles un conflicto. Muchas veces se malentiende la idea de aplicar límites, se piensa que va ligado a una crianza autoritaria, lo que conlleva un mal desarrollo del niño. Debido a esto, la preocupación de muchos padres es la de no ser demasiado estrictos para no traumatizar al pequeño, es decir, ser negligentes en la educación de los hijos. Algo que no ocurre cuando los padres ponen normas para delimitar –por el bien del menor– algunos comportamientos.

La importancia y el por qué necesitan límites los niños en su crianza “señala hasta dónde pueden llegar en su conducta. Establecerlos es una forma de decirle que nos preocupamos por él; es enseñarle cómo funciona el mundo que lo rodea y, sobre todo, que lo queremos y respetamos. Cuando a los niños no se les inculca límites, difícilmente se los enseñará la sociedad”, señala la psicóloga de la Universidad de Los Andes, María Jesús Barros.

Desde que los niños son pequeños, los padres deben comenzar a transmitir normas de conducta y límites. Sobre todo durante los primeros años, ya que los menores se basan en rutinas que deben respetar, así como acciones asociadas a hábitos, ya sea alimentación, higiene, sueño, etc.

A partir de la primera infancia es esencial establecer una serie de límites acordes a la edad del menor para que los vayan guiando en su desarrollo. Inculcarle una disciplina implica enseñarles cómo deben actuar en diferentes situaciones y las consecuencias que se derivan de su mal comportamiento. Es cierto que los padres no pueden pretender que los niños tan chicos se comporten bien las 24 horas del día, pero es importante establecer ciertas normas firmes y no hacer “la vista gorda” porque sean más chicos.

La psicóloga agrega que “los menores necesitan y buscan normas, criterios y modelos claros en aquellos adultos significativos y cercanos a ellos, quienes guiarán su actuar. Se debe ser congruente con lo que decimos y sobre todo, actuar como ejemplo porque ellos aprenden de lo que ven y son muy sensibles a las incongruencias entre lo que decimos y lo que hacemos. Como los niños aprenden por imitación, si no cuentan con modelos adecuados tardarán mucho más tiempo en aprender lo que necesitan saber”.

Con 2 años, los niños ya han aprendido a moverse y corretean por toda la casa. En esta etapa comienza la independencia, en la que querrán hacer todo ellos solos y se frustrarán si no pueden hacer y deshacer cómo y cuándo quieran. Es importante tener claro que se trata de un proceso de aprendizaje que no se consigue de un día para otro.

Una de las mayores preocupaciones de los padres es saber cuándo empezar a poner límites, ya que muchos creen que es ponerse “duros” o “exigentes” con ellos. Es por esto que los expertos recomiendan determinar los límites cuanto antes, pero esto no es algo drástico, ya que es una transición paulatina que los padres deben ir adoptando en función a cada etapa de crecimiento infantil.

La ausencia de límites y normas en la familia puede traer consecuencias negativas para la educación de los niños, “puesto que nuestros hijos no nacen con la capacidad de autorregularse, de controlar sus impulsos, deseos y emociones, sino que se van desarrollando con la interacción con los adultos y con su medio ambiente. El ejercicio de la autoridad no debe confundirse con autoritarismo, sino como el ‘tutor’ que ayuda al árbol que crezca de forma derecho. Es un error esperar a que los niños se vuelven ingobernables para corregirlos”, asegura la psicóloga.

Pero, ¿cómo lograr que los menores respeten los límites? Esta es una pregunta muy frecuente que se hacen los padres. Los especialistas aconsejan aplicar la paciencia, constancia y, sobre todo, el ejemplo. “Los límites son un trabajo lento y que se hace día a día. Los frutos se dan en la adultez. Se requiere paciencia, en detenerse en las conductas, hablar, explicarlas y enseñar. Además de ser siempre un modelo positivo y consecuente: vez que se comporte de forma inapropiada, el padre o la madre debe llevar adelante la consecuencia programada, sin nunca dar un paso atrás”, comenta María Jesús Barros.

Ser buenos padres implica asumir la responsabilidad de establecer pautas de crianza y límites adecuados, reconocer los logros de sus hijos, valorar los esfuerzos y también los errores como experiencias positivas que favorecen el aprendizaje. Con esto, los niños aprenderán poco a poco a socializar, a crecer como personas autónomas, libres, con normas y reglas incorporadas para poder compartir y convivir en la sociedad que les toca vivir, con un verdadero aprendizaje que los ayudará a ser felices, al tiempo que serán prevenidos los problemas de conducta y se verá considerablemente favorecido el aprendizaje.

No hay una fórmula mágica ni estandarizada de cómo hacerlo. Cada situación será encarada desde los recursos emocionales y las expectativas que tiene puestas el adulto en el menor, es por esto que aquí te damos algunos tips de cómo lograrlo.

TIPS PARA RAYAR LA CANCHA

– Deben ser firmes a la hora de establecer límites y tener claro el porqué no dejan a su hijo hacer algo. Deben sentirse seguros y saber que son ellos los que deciden.

– Las órdenes deben ser concretas y sencillas. Los niños de esta edad no entienden los mensajes abstractos.

– No olvidar que los padres no solo aporta conocimientos, sino también son modelos a seguir.

– Los menores deben aprender a interpretar el “no”. El tono y la cara deben acompañar la situación, no podemos decirle que no haga algo mientras nos reímos o no somos firmes.

– Debe haber coherencia entre ambos padres, si la madre no le permite hacer algo, el padre tampoco debe dejarlo.

– Establecer rutinas a la hora de acostarse, comer o bañarse le permitirán saber, por ejemplo, que a las 8 de la tarde es hora de dormir y que no hay otra opción.

– Es mejor corregir que castigar, a esta edad les costará asociar el castigo con lo que han hecho mal.

– No hay que gritarles y jamás pegarles. Así solo se les somete y se les inculca la agresividad como método para conseguir las cosas.

– Es una etapa de descubrimiento y no hay que coartarles. Si quiere pintar, pero lo va a hacer en la pared, lo apartamos rápidamente diciéndole que ahí no debe hacerlo, pero le damos unas hojas de papel como alternativa.

– Aunque los límites y la disciplina son importantes, también hay que respetar sus gustos y dejarlos que se equivoquen de vez en cuando, esto también les ayudará a autorregularse.

– Es esencial ser consciente de la personalidad del niño: algunos menores solo necesitan una leve advertencia y otros requerirán ver que los padres están realmente enfadados.

– Tampoco podemos pretender que con decirle una vez el mensaje, le quede claro. Habrá que repetirlo una y otra vez.

– Si quieres saber más sobre este tema te recomendamos el libro “Ternura y firmeza con los hijos” de Alexander Lyford-Pike.

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