Los tuyos, los míos, los nuestros

Le llaman familias ensambladas y están por todas partes. Sus mayores problemáticas tienen que ver con inicio de nuevas relaciones y con ciclos aún no cerrados. Uno de los consejos regulares es que el cambio se realice paulatinamente y considerando en todo momento a los hijos. Descubre aquí las dos caras de la moneda.

En este relato una joven de 17 años decide contar su historia, pero reservando su identidad. Dice que siempre había pensado que Javiera podría haber sido un lindo nombre y en estas líneas así se llamará. Hasta hace poco menos de 2 años, ella, junto a su hermana (a la que llamaremos Dominga) de 7, vivía en una casa junto a sus padres.

El escenario de hoy es algo distinto. Hace 9 meses Javiera y Dominga se cambiaron de casa a departamento, luego de que su madre decidiera dejar a su marido. Ambas hijas la siguieron a ella, y hoy las tres comparten un departamento de dos dormitorios al que últimamente ha llegado una visita recurrente de género masculino.

Al principio la relación entre sus padres culminó en buenos términos, y la separación lo dejó en una casa de 160 m2 con sus habitaciones vacías. Quien disfrutó por algún período esta situación fue Mireya, la asesora del hogar, que finalmente tuvo tiempo de ver la teleserie de las tres de la tarde.

Del otro lado, la mencionada visita masculina al departamento de Javiera, se ha reiterado hace unas semanas. Pero hoy se volvió formal. La mamá está rehaciendo su vida con un hombre al que reconocen como comprensivo y gentil, pero que, a su vez, tiene tres hijos de su primer matrimonio.

Mireya, por su parte, luego de haber recogido algunos platos y copas de noches anteriores, descubrió que el papá de estas hermanas habla constantemente de Laura, una joven de 33 años, de carácter fuerte, quien últimamente frecuenta su casa varias veces por semana.

Hoy, Javiera está pasando por un momento crítico y afectivamente difícil. Ha decidido pedir ayuda para arrendar un departamento al que quiere ir a vivir con su hermana Dominga, alejada de su padre y su madre. ¿Los motivos? Los encuentros con los hijos de la nueva pareja de su mamá han sido un desastre y Javiera sabe que esta última quiere proyectar un ensamble que las contempla a ellas dentro de la construcción de esta nueva familia a la que se niegan a ingresar.

Por su parte, el papá ha vuelto a sus 25 años y hoy sale, disfruta y comparte su vida de una manera juvenil que a ninguna de sus hijas enorgullece. El padre de la familia está visitando a Laura y disfrutando de deseos que aparentemente habían estado frustrados durante mucho tiempo.

El malestar es patente y la mala relación que les heredó la familia inicial, consiguió que ambas hermanas se sintiesen en tierra de nadie. Javiera ha pretendido emanciparse y conseguir la custodia de su hermana, aunque no ha iniciado los trámites. No obstante, lleva una semana alojándose en la casa de una tía.

Por otro lado, Belén tiene 27 años y su historia es totalmente distinta, tiene una familia conformada por siete hermanos. Dos de ellos, uno de 26 y otro de 23, son hijos de su padre. Aproximadamente 15 años atrás sus papás se separaron y fue él quien dejó la casa. Poco tiempo después encontró a la que sería su nueva pareja que, por su parte, tenía dos hijos antes de comenzar su historia juntos. Belén tenía 12 años en ese entonces, y aún recuerda lo rápido que ocurrió todo, “la verdad es que siempre se dio todo muy bien, solo el período previo al embarazo de ella fue extraño e incómodo, pero se arregló muy rápido”, rememora. Tardaron algunos meses cuando su papá y su nueva pareja, Andrea, recibieron la noticia de que iban a ser padres. “Desde entonces, todo cambió radicalmente, fue algo mágico. En mi familia siempre hemos sido guaguateros y la víspera y llegada de las guaguas era algo que nos tenía totalmente chochos”, cuenta Belén. Así, luego de unos años, dos hermanos más llegaron a formar parte de este clan familiar. “Somos una sola familia, solo que vivimos en dos casas”, explica. Además, comenta que las vacaciones se hacen en patota, “nos vamos de vacaciones juntos los siete. Ha ocurrido incluso, que nos hemos ido con la señora de mi papá solos. Mi mamá adora a los niños de mi papá y muchas veces ellos duermen en mi casa también”, relata la joven.

La visión de un experto
La verdad es que hoy en día este tipo de situaciones es muy frecuente. A la fecha, en Chile, cerca del 50% de las parejas se separa y la esperanza de reinventarse está justo después de que ello ocurre. Guillermo Gabler, Psiquiatra de la Clínica Alemana, explica que lo más importante a la hora de rehacer la vida en pareja es analizar cómo se resolvió el término de la familia anterior, y en qué condiciones están los integrantes de esta para orientarse hacia una nueva estructura familiar. “Todo esto tiene que ver con las causas del quiebre, el tiempo en que ocurre y el vínculo deshecho, que muchas veces no lo está del todo”, indica. No hay técnicas específicas ni consejos inequívocos, pues cada pareja es distinta a la otra y tienen problemas y rencillas puntales e individuales.

Lo primero, si vas a iniciar una nueva relación, procura haber dejado la anterior en buenos términos y zanjada en todos sus aspectos.

Lo segundo, debes intentar que las circunstancias en las que se produzca el cambio sean pensadas, primeramente, con la venia y asimilación de los familiares comprometidos, especialmente, los hijos. “Lo vincular se relaciona con que los hijos no deben ver amenazado el vínculo que ya tienen, por la aparición de esta nueva pareja. El tenerlo resuelto tiene que ver con cómo terminó la relación anterior, y eso implica mucho más que tiempo y conversación. No se debe crear un nuevo vínculo si hay temas en deuda con alguno de los integrantes de la familia”, aconseja el doctor.

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