Malos hábitos
Malos hábitos
Enseña a tu hijo a abandonarlos

Muchos padres no saben qué hacer para evitar que sus hijos mientan, digan garabatos y se coman las uñas, entre otros. Algunos son típicos de la edad y pasan con el desarrollo, pero otros pueden mantenerse si no se frenan a tiempo.

Generalmente los menores adquieren algunas malas conductas al imitar a sus hermanos o compañeros del jardín. Sin embargo, y de acuerdo a los especialistas, no todos estos hábitos son motivo de preocupación, pues a veces son parte del crecimiento.

¡Le dio por morder!
Primero, debes tener claro que morder es una fase del desarrollo (entre 1 y 3 años) y una conducta que no predice actitudes agresivas en el tiempo. A esta edad empiezan a socializar, a relacionarse con su grupo etario, pero aún no poseen un lenguaje ni presentan las habilidades suficientes para comunicarse. Morder es una forma de conseguir un juguete o llamar la atención. También lo hacen cuando están nerviosos o se sienten frustrados: ante situaciones nuevas como la llegada de un hermanito o el ingreso al jardín. Otros niños sencillamente lo practican por imitación. Una vez que crecen (etapa escolar) ya saben relacionarse y esto desaparece. Si no se le pasa, quizás tu hijo presente algún trastorno emocional.

Por eso debes identificar cuándo surge la conducta y qué lo puede estar alterando. Además, siempre debes transmitirle que la agresión no es aceptada e intervenir con rapidez, pero con calma. Si el pequeño está jugando, hay que separarlo por unos minutos de la actividad y, si quiere continuar, deberá dejar de morder. Adicionalmente, es bueno que tenga una conducta reparadora: ayudarle a curar al amigo, darle un beso, pedirle disculpas, etc.

Obsesión por la nariz
¿Tu hijo se mete el dedo en la nariz? Por lo general, los niños lo hacen para aliviar una picazón incómoda provocada por alergias o el aire seco. También puede ser un hábito nervioso, en el que hurgarse la nariz lo ayuda a reducir el estrés o la tensión. Si ves que repite este hábito, ayúdalo a buscar otras formas de relajarse, mostrándole lo feo que se ve; buscándole entretención a sus dedos y siendo paciente. A muchos menores se les pasa esta costumbre a medida que crecen.

Mentiroso, mentiroso
Es muy normal que los niños menores de 7 años mientan habitualmente, ya sea para evitar un castigo por parte de los padres o profesores, para manipular a los compañeros y hermanos, para fantasear, o bien para despertar el interés de sus semejantes.

Esta conducta generalmente es aprendida. Si el menor te ha escuchado mentir, por ejemplo, al decir que no estás para evitar responder al teléfono, pensará que ese comportamiento es normal y, probablemente, lo repetirá en su día a día. Del mismo modo, si descubre que mintiendo consigue algunos beneficios, habrá asimilado que esta es una buena forma de conseguir lo que quiere.

Si tu hijo miente con frecuencia, es importante descubrir los verdaderos motivos que lo llevan a eso, ya que se puede tratar de algo más preocupante. Solo así podrás corregir el problema de raíz. Recuerda premiar su sinceridad cuando reconozca sus errores y felicítalo siempre que afronte la verdad, por más conflictos que le traiga.

Te aconsejamos buscar cuentos que trabajen el valor de la sinceridad con aventuras y moralejas, donde se premia a las personas que van con la verdad por delante y los mentirosos salen mal parados.

Palabrotas
Incorporar garabatos al vocabulario es normal en los preescolares. En esta etapa el niño quiere marcar su autonomía y para conseguirlo se resiste a todo tipo de normas preestablecidas.

Cuando un niño dice un garabato delante de su mamá o de toda la familia y logra una reacción, ya sea positiva o negativa, lo más probable es que fije esa conducta en su mente y la repita. Esto se debe a que esa palabra adquirió para él relevancia.

Los especialistas plantean que la mejor forma de tratar al niño garabatero es otorgándole mayor atención en cosas positivas y elogiando sus logros. De esta forma, percibirá que es estimulado y halagado por ese tipo de acciones y que un vocabulario grosero, lejos de gustar a la familia y causar gracia, provoca alejamiento y falta de interés.

¡Qué ricas las uñas!
Onicofagia es el nombre del trastorno de comerse las uñas, una costumbre muy común en los infantes y, a menos que se trate de una respuesta a mucho estrés o problemas emocionales, no tiene por qué ser preocupante.

En el caso de que el menor se haga daño, sangre, se muerda también la piel alrededor de las uñas, lastimándose aún más, o sume a este hábito otros tics nerviosos, es esencial consultar con el pediatra posibles soluciones porque puede responder a una situación estresante y difícil de identificar.

Hay que tratar de mantenerle las uñas cortas para que no se las muerda, además de hacerle consciente el hábito, ayudándolo a percibir cuándo y dónde lo hace, siempre sin retarlo ni castigarlo. También puedes aplicarle en esta zona un producto con mal sabor para que no tenga ganas de llevarse los dedos a la boca.

Tips de ayuda
– Evita retar y castigar a tu hijo. No lo dejes en ridículo ni lo critiques en público. Esto puede hacer que el comportamiento empeore.
– Ayúdalo a que abandone esa mala costumbre.
– Recompensa y premia a tu hijo cuando demuestre autocontrol. Tendrás mejores resultados con el refuerzo positivo que con la crítica.
– Nunca te agobies ni muestres ansiedad frente a él. La mayoría de los hábitos se pueden corregir, para ello es esencial ser constantes y saber explicar con claridad cómo queremos que se comporte.
– No debes ignorar estos comportamientos, pero tampoco dramatizarlos.

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