Mentalidad infantil ¡Ese soy yo!
Mentalidad infantil ¡Ese soy yo!

Cuando llega la hora de hablar, caminar y relacionarse con otros, un niño comienza a descubrir lo más importante de su vida: quién es. Las cosas que le gustan, aquellas que no, lo que lo hace feliz… Estas son algunas de las características que hacen de él esa persona particular e irrepetible.

Una de las cosas más maravillosas cuando los niños empiezan a comunicarse con los padres, es poder conocerlos y saber quiénes son. Aquí es cuando se hace presente la llamada identidad, un conjunto de atributos y cualidades  -tanto de carácter biológico como sicológico- que permiten distinguir a cada persona con precisión.

“Esta comienza a desarrollarse desde antes de nacer. Los menores van construyendo el concepto de quiénes son en función de las experiencias que viven, especialmente con otros. Cada vez que interactuamos con alguien, recibimos información de quiénes somos”, explica Andrea Cardemil, sicóloga infanto-juvenil y autora del libro Apego Seguro, el cual trata temas sobre cómo los niños van construyendo su identidad a través de las cualidades que les va dando el entorno y otros factores que va desarrollando su mundo.

En este punto coincide Paula Torres, sicóloga especializada en vulneración infanto-juvenil, quien sostiene que los padres y/o un adulto significativo que se encuentre dentro del círculo cercano del niño le mostrará las normas, límites y pautas de crianza, las que irán cubriendo sus necesidades de desarrollo emocional y sicológico sin cohibirlo. “El estar en un ambiente saludable y seguro va a contribuir a que el menor construya una identidad y personalidad seguras. Su identidad, desde una edad temprana, depende de muchos factores; uno de ellos, que para mí es el criterio más importante, es la familia o el adulto a cargo (padres, tíos, abuelos, familia de acogida, etc.), quienes dependiendo de sus creencias, aptitudes, actitudes, rutinas y culturas, van a edificar la personalidad del pequeño”, explica. Es por esto que, tanto el entorno como las personas con quienes se relacione serán determinantes a la hora de formar y reafirmar su identidad. Del mismo modo, ellos deben darle al menor espacio suficiente para que desarrolle las necesidades básicas de cada etapa de la vida, de no ser así, irá generando más miedos e inseguridades.

“El mundo en el que se mueve el menor no tiene porqué ser perfecto, puesto que la realidad no lo es; pero el adulto a cargo debe estar listo para cumplir ciertos criterios básicos para que su hijo pueda enfrentar lo que le deparará la sociedad. Uno de ellos es la contención, donde deberá saber en qué momento de la frustración del niño tiene que intervenir y ayudarle a identificar qué cosas lo llevan a la ira y cómo puede manejarla, lo mismo con la pena y otros sentimientos”, describe Torres. La especialista agrega que en muchos casos las figuras de autoridad tienden a querer ‘parar’ estas situaciones emocionales negativas, porque no tienen claro cómo colaborar con él, pero la mejor solución siempre será ‘dejarlo ser’, permitir la emoción y acompañar al niño en estos momentos. “Es sano, enseña y fortalece cualquier vínculo, ya sea en el ámbito escolar, familiar y/o social”, reafirma.

¿Qué personalidad tiene mi hijo?

De acuerdo a un estudio realizado por Stella Chess y su esposo Alexander Thomas, base sobre la cual la sicóloga infanto-juvenil Andrea Cardemil planteó su libro Apego Seguro, se distinguen nueve características del temperamento, entre las cuales se encuentran: los niveles de actividad, regularidad en los ritmos biológicos, tendencia a la aproximación o retiro ante situaciones novedosas, adaptabilidad al cambio, intensidad de la respuesta, sensibilidad de la estimulación, emocionalidad, perceptibilidad y persistencia de la atención. “En cada una de estas dimensiones las personas pueden puntuar alto, medio o bajo, conjugando uno a uno y dando origen al perfil único de la personalidad”, cuenta la especialista.

De acuerdo a lo anterior, hay tres tipos de temperamento:

1. Temperamento fácil: son niños con ritmos biológicos regulares, aceptan con facilidad los cambios, tienen buenos procesos de adaptación y su intensidad emocional es moderada. Se define de esta manera, debido a que para este tipo de personalidades es sencillo desenvolverse, haciendo más llevadera para los padres su crianza y el manejar situaciones difíciles.

2. Temperamento difícil: son pequeños con altos niveles de actividad, les cuestan los cambios, tienen procesos de adaptación lentos, ritmos biológicos irregulares y se estresan con facilidad.

3. Temperamento lento o ‘slow to warm up’: tienen bajos niveles de actividad, reaccionan muy mal ante los cambios y les cuesta integrarse a situaciones sociales poco familiares, como los cumpleaños de amigos.

Autoconcepto vs. autoestima

Otro elemento importante a la hora de definir la identidad es el llamado autoconcepto -donde se encuentra grabada la pregunta ‘quién soy’-, y la autoestima, que evidencia cuánto nos gusta la resolución de esta interrogante. Mientras el primero da a conocer los aspectos más cognitivos, la segunda se relaciona con aquellos más afectivos; sin embargo, ambas se encuentran fuertemente unidas. De acuerdo a Andrea Cardemil, “son las dos caras de una misma moneda. Tanto la autoestima como el autoconcepto influyen de forma significativa en el desarrollo de la personalidad, ya que ambos marcarán la manera en la que el niño siente, piensa, comparte y se relaciona con otros”.

Por su parte, Paula Torres agrega que la autoestima es la suma de la confianza, el respeto y el juicio de valor que cada uno le da a las situaciones diarias, y más que todo en aquellas de corte negativo; mientras que el autoconcepto se refiere a las ideas y creencias que se tiene de sí mismo, referidas a cómo una persona debiera ser y/o como le gustaría ser. “Estos dos conceptos están en constante cambio a medida que el niño se desarrolla. El tener una autoestima disminuida replicará en muchas circunstancias de su vida adulta, como en el trabajo, familia, área amorosa, etc., sumando en algunas ocasiones conductas disruptivas como peleas en el colegio, malas notas, discusiones constantes con compañeros y familia, puesto que se considera como alguien no merecedor de afectos ni aspectos positivos en su vida, y buscará compensarlos por medio de algo que llame la atención del interlocutor”, explica la especialista.

Frente a esto, la sicóloga dice que es bueno que a lo largo de su desarrollo los padres les enseñen y muestren a los menores sus propias capacidades y debilidades. Por otra parte, si la persona a cargo no tiene una autoestima medianamente estable, esto va a repercutir negativamente en la vida de su hijo, ya que si no cuenta con elementos de autocontención es difícil que pueda ayudar al niño.

Tips para fomentar el desarrollo de la personalidad y el carácter

1 -Amor incondicional. El amor y el regaloneo nunca serán excesivos ni malos.

2 – Ayudarlos a conocerse tal cual son. Saber detectar sus virtudes y defectos los hará saber mejor quiénes son.

3 – Los padres también deben hacer un proceso de autoconocimiento. ¿Qué parte de nuestra historia se está replicando en el niño? Conocernos a nosotros mismos nos ayudará a apoyar mejor a nuestros hijos.

4 – Usar las situaciones de estrés como oportunidades de conexión y aprendizaje. Bríndales la contención que necesita y una vez que estén tranquilos, ayúdalo a resolver la situación que lo acongoja, muéstrale que puede aprender de lo sucedido y adquirir una nueva habilidad.

5 – Fomenta el desarrollo de la autonomía. No debes hacer nada que tu hijo pueda hacer por sí solo. Esto permitirá que desarrolle sentido de competencia, que se sienta seguro y confíe en sus capacidades.

6 – Cuida tus palabras, especialmente cuando estés enojado. Los niños, al no tener su identidad formada, no pueden saber si lo que le dices acerca de sí mismos es cierto o no, no cuentan con los filtros que lo protegen de comentarios dañinos, errados y mal intencionados, más aún si los reciben de la persona de quien dependen emocionalmente. Las palabras de los padres y los profesores se clavan en lo más profundo de su personalidad.

7 – Conozcan juntos las emociones básicas. Comienza con cosas como la tristeza, enojo, felicidad y amor, pero conforme vayan creciendo podrán asimilar cosas más complejas, por lo que es bueno incluir los celos, el orgullo, el nerviosismo y la tranquilidad, entre otros.

8 – Descubran el mundo juntos. Muéstrale qué puede y no hacer, disfrutar de un deporte, la música, el arte, todas estas disciplinas pueden ayudar a potenciar la personalidad infantil. Ojo: la idea tampoco es sobrecargarlos de actividades y talleres. Encuentra eso que le gusta a tu hijo, que lo hace sentir bien y a gusto, apoyándolo como familia.

9 – Enséñale a tolerar el fracaso.

10 – Ayúdalo a desarrollar las tareas de cada etapa del desarrollo.

11 – Fortalezcan los lazos familiares conversando y compartiendo todos juntos. Los niños entienden todo, aunque sean chicos, saben identificar cuándo los padres están bien o mal, o si se encuentran experimentando tristeza o alegría. Estas instancias facilitarán el descubrimiento de ellos mismos y de su personalidad.

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