¡Mi hijo tiene alergia alimentaria!
¡Mi hijo tiene alergia alimentaria!

Su diagnóstico se ha vuelto cada vez más común entre los recién nacidos. Y aunque muchos cuestionan su veracidad, lo cierto es que se trata de un padecimiento que, de no tratarse a tiempo, puede llegar a ser mortal. Por eso te invitamos a prestar especial atención a sus síntomas.

La Organización Mundial de la Salud la ha calificado como una “epidemia silenciosa”, y aunque en nuestro país aún no existen cifras concretas, los especialistas estiman que en la población infantil la alergia alimentaria tiene una prevalencia cercana al 6%. Todo indica que se trata de una realidad que, tanto a nivel global como local, está en alza.

Pero ¿qué es la alergia alimentaria? Es una reacción adversa por parte del sistema inmunológico a alguna proteína de un alimento. En la práctica, esto se traduce en que el niño manifiesta diversos cuadros alérgicos luego de ingerir algo alergénico. Normalmente, este es traspasado a la guagua a través de la leche materna, es decir, es la alimentación que consume la madre la que potencialmente activa los episodios alérgicos en lactantes.

Si bien un menor podría ser alérgico a cualquier alimento, la proteína de la leche de vaca y de soya, el huevo, los pescados, los mariscos, los frutos secos, el maní, los cítricos y el trigo, son responsables del 90% de las alergias alimentarias.

No existe un examen específico que permita diagnosticar la presencia de alergia alimentaria, por lo que el doctor debe realizar un análisis completo del cuadro clínico para determinar la existencia de la enfermedad.

¿Cuál es el tratamiento?
Una vez determinado que el recién nacido presenta alergia alimentaria hay dos caminos a seguir: la madre puede continuar amamantando, o bien, el hijo deberá empezar a alimentarse con leche de fórmula. En caso de que escoja la primera opción, tiene que eliminar de su dieta el alimento alergénico (normalmente lácteos), y al cabo de una semana (aproximadamente) será posible saber si esta modificación en la dieta ha sido o no exitosa. Si el hijo continúa manifestando reacciones adversas a la leche materna o si la mamá así lo quiere, se le puede dar leche de fórmula.

Si la guagua tiene menos de 4 meses se debe optar por las leches elaboradas en base a aminoácidos, las cuales no contienen proteína por muy pequeña que sea, y esto se debe a que la permeabilidad intestinal del bebé es muy alta, entonces no conviene ofrecerle a ese intestino proteína de vaca porque puede reaccionar.

A partir de los 4 meses se puede usar leche de fórmula extensamente hidrolizada, siempre y cuando el menor no haya tenido sangrado digestivo. De lo contrario, se aconseja leche de aminoácidos por al menos los primeros 6 meses de vida.

Síntomas
Teniendo en cuenta que en casos graves la alergia alimentaria podría ser fatal, es fundamental que esta enfermedad sea diagnosticada lo antes posible, es decir, en los primeros días de vida, para así asegurar un mejor pronóstico para el menor. En general, los síntomas son los siguientes:
– Cólicos intensos que no ceden con masajes o con los medicamentos indicados por el pediatra. Habitualmente estos desaparecen después de los 3 o 4 meses de vida, por lo tanto, si luego de ese periodo el niño sigue llorando y retorciéndose, es necesario consultar al doctor a fin de que analice a qué se debe el llanto.
– Es normal que las guaguas menores de 3 meses tengan un abdomen distendido por el gas intestinal. Sin embargo, cuando los cólicos se asocian a una distensión abdominal más notoria y la guatita se pone tensa, es mejor consultar con el pediatra.
– Usualmente las deposiciones de las guaguas de 3 meses tienen mucosidad, lo que es normal, sobre todo si toma leche materna. Pero cuando el menor aumenta la cantidad de veces que ensucia el pañal y esto va acompañado de mayor mucosidad o de deposiciones más líquidas o, por el contrario, se ha puesto más estítico (defecando en forma de bolitas), es imprescindible acudir al doctor.
– Si el pequeño empieza a rechazar o tomar menos leche, se retrae y comienza a llorar, es una señal de alerta.
– A veces la única manifestación de alergia alimentaria puede ser un eritema o enrojecimiento alrededor de la boca o del ano, o bien una dermatitis facial que no mejora con tratamientos convencionales.
– El menor presenta problemas para dormir.
– Por su condición inmunológica, un menor con alergia alimentaria puede presentar con mayor probabilidad reacciones bronquiales obstructivas. En ciertas ocasiones la causa de los episodios de bronquitis obstructivas no es el virus, sino que detrás de eso hay una alergia alimentaria que debe estudiarse para atacar el problema de fondo.

Alergia alimentaria / Intolerancia a los alimentos
Con frecuencia se suelen confundir estos dos conceptos; sin embargo, son males distintos. En la alergia alimentaria está involucrado el sistema inmune, mientras que en la intolerancia no. De manera que la intolerancia es también una reacción adversa a un alimento, pero esta respuesta no es ocasionada por el sistema inmunológico, sino que la causa radica en un problema enzimático. Por ejemplo, en el caso de la intolerancia a la lactosa de la leche, esta es originada por la ausencia o disminución de una enzima que descompone el azúcar de la leche.

Los síntomas de la alergia alimentaria por lo general son picazón en la piel, secreción nasal y tos o dificultad respiratoria. Mientras que los de la intolerancia alimentaria pueden ser náuseas, diarrea, gases y dolor abdominal frente al consumo de un alimento.

Intolerancias más comunes:
Al gluten
La llamada enfermedad celíaca es una intolerancia permanente que se puede diagnosticar a cualquier edad. Si el enfermo consume alimentos que contienen gluten, la mucosa del intestino delgado queda dañada, y tiene menos capacidad para absorber nutrientes esenciales como las grasas, las proteínas, los carbohidratos, los minerales y las vitaminas. Cuando se elimina el gluten de la dieta, el intestino se regenera gradualmente y desaparecen los síntomas.

A la lactosa
Esta es el azúcar que se encuentra en la leche. Normalmente, la enzima lactasa, que está presente en el intestino delgado, descompone la lactosa en azúcares más simples (glucosa y galactosa), para que puedan ser absorbidos por el torrente sanguíneo. Cuando la actividad de la enzima es demasiado baja, la lactosa no se puede digerir y pasa al intestino grueso, donde es fermentada por las bacterias de la flora intestinal.

 

 

 

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