Niños y amigos imaginarios: invisible complicidad
Niños y amigos imaginarios: invisible complicidad

Muchas veces injustamente representados en la cultura popular, estas figuras son bastante más comunes de lo que creemos en el mundo infantil. Acá te contamos por qué aparecen, cuál es su función y a qué señales prestar atención.

Por: Catalina Ábalos L.

Parte gato, parte elefante y parte delfín, con una figura similar a la de un gran algodón de azúcar rosa, un personaje como él solo podía surgir de la mente híper creativa de un niño. Hablamos de Bing Bong, el amigo imaginario de la pequeña Riley, protagonista de la popular película “Intensamente” (2015) de Disney-Pixar. El mismo que sacó lágrimas de emoción a los espectadores cuando le dice a Joy (Alegría): “Llévala a la luna por mi ¿ok?”, mientras desaparece en la tierra de los recuerdos.

Una de las razones por las que Bing Bong es tan querido por el público es que, recordémoslo o no, muchos de nosotros hemos tenido un ‘partner’ imaginario. Prueba de ello es un estudio realizado en 2004 por la Universidad de Washington y la U. de Oregon (EE.UU.), que reveló que un 65% de los menores de hasta 7 años -en algunos casos incluso mayores- cuentan con uno. Si el híbrido de Bing Bong parece curioso, basta mirar algunas de las amistades de la investigación que incluían una ardilla, una pantera y un muñeco centenario, por mencionar algunos ejemplos.

En entrevista a la revista digital Slate.com, Marjorie Taylor, profesora de psicología de la Universidad de Oregon, una de las responsables del estudio mencionado y autora del libro ‘Imaginary Companions and The Children Who Create Them’ (“Compañeros Imaginarios y los Niños que los Inventan”), tiene una visión positiva al respecto: “Una de las cosas que me gustan de Bing Bong es que él velaba por el bienestar de la niña… Llegó y salvó el día como un buen chico. A menudo pensamos que los amigos imaginarios son una señal de alerta del tipo ‘este pequeño tiene alguna carencia’, pero a mí me parecen una muestra de resiliencia e imaginación en los niños”, comenta.  

Daniela Vieira, psicóloga clínica de la Universidad de los Andes, coincide con su par norteamericana, agregando que “pienso que es más una cosa de edad, que de personalidad. No obstante, se ha visto que se relaciona con menores dueños de un mundo interno de gran riqueza, sensibles y fantasiosos”. La experta señala que un niño no tan creativo también puede tener un amigo imaginario. Ello porque su entorno, ya sea a través libros o la TV, fomenta esto, mostrando por ejemplo animales que hablan.

Por su parte, Claudia Andreucci,  psicóloga infanto juvenil con mención en Educación de la Universidad Católica, puntualiza que: “No hay estudios claros que indiquen la prevalencia en hombres v/s mujeres. Sí hay mayor incidencia en hijos únicos inmersos en un ambiente adulto, como también en primogénitos”.

Derribando mitos

La psicóloga Daniela Vieira explica que, durante la etapa preescolar, los niños presentan el llamado “pensamiento mágico”. Por eso a veces los vemos haciendo dibujos fantasiosos como un sol con anteojos o bien conversando con sus peluches y muñecas.

Una de las teorías más populares para explicar la existencia de los amigos imaginarios es que los menores los utilizan para adaptarse y lidiar con el mundo real en el que se están insertando. “Les da una sensación de juego, haciendo la transición más amigable. Recordemos que se les produce un choque con la realidad llena de códigos y normas sociales preestablecidas, entonces al estar con su “amigo”, el cambio es menos brusco. Un ejemplo es el niño que va al doctor acompañado por su ‘partner’ imaginario, haciéndolo sentir más en control de la situación”, afirma Vieira.

Claudia Andreucci dice que “es importante destacar que no guardan relación con patologías ni problemas mentales. No todos tienen o han tenido estas amistades. Generalmente poseen una función positiva en momentos en que los pequeños no son capaces de reconocer y expresar sus emociones. Los amigos imaginarios los ayudan en esta etapa, formando parte de su proceso natural de evolución y desarrollo”.

Las especialistas concuerdan en que tal como dichos personajes llegan, se van. “Hay que entender que es parte de una etapa y que debieran ir desapareciendo alrededor de los 7 u 8 años. No hay que incentivarlos, pero tampoco desautorizarlos o negarlos. Debemos ser respetuosos con el proceso que vive el infante junto a su amigo imaginario, validándolo”, explica Daniela Vieira.

Ella ejemplifica con el caso de un hijo que “trae” a su amigo imaginario al primer día de jardín infantil. Como padres debemos decirle que no hay problema que venga, pero centrando la atención en el menor.

Respecto a su desaparición, usualmente es cuando los niños tienen las estrategias necesarias para sobrellevar la realidad. “Es lo mismo que un adulto que está aprendido a hablar inglés y va a todas partes con su diccionario. Luego, a medida que va adquiriendo más vocabulario, tiene la autoconfianza para dejarlo en casa”, señala la psicóloga de la Universidad de los Andes.

Señales de alerta

Claudia Andreucci recomienda a los papás observar con discreción, fijándose en el tipo de conversaciones que su hijo entabla con su amigo imaginario, si lo dejan angustiado o son de carácter agresivo. “Habría que preocuparse cuando el menor prefiere estar con su amigo imaginario en vez de con compañeros reales, o si cambia mucho de actitud, volviéndose muy retraído o inhibido cuando no era así. También estar atentos si se aleja de sus actividades cotidianas o se pone agresivo. Si llegara a pasar lo anteriormente descrito, o el amigo continúa “existiendo” pasados los 8 años, es aconsejable consultar a un especialista”, sostiene.

Además, hay que tener “ojo” con las fantasías que puedan implicar un peligro. “Es el caso de un menor cuyo amigo imaginario vuela, y él intenta tirarse por la ventana para seguirlo. La invitación es a confiar en el instinto maternal”, comenta la psicóloga Daniela Vieira.

Eso sí, recordemos que la mayoría de los casos de amigos imaginarios no constituyen ningún problema. Al contrario, en muchas ocasiones contribuyen al desarrollo de ciertas aptitudes sociales. “Efectivamente, su existencia ayuda a fomentar la creatividad y las habilidades lingüísticas. Son especialmente importantes en el desarrollo de la empatía, ya que a esta edad los niños son muy egocéntricos, y su amigo imaginario contribuye a que se ejerciten en el qué siente y piensa otro”, concluye la experta de la Universidad de los Andes.

PARA TENER EN CUENTA…

*Entender que los amigos imaginarios forman parte de una etapa normal y transitoria.

*No incentivarlos ni prohibirlos, respetando su existencia.

*Comprender que su misión es ayudar a los niños a lidiar con la realidad y los códigos sociales adultos de forma más amigable.

* Fijarse en las conversaciones e interacción del menor con su amigo imaginario. Si hay presencia de violencia, agresividad o cambios muy notorios, prestar especial atención y consultar.

*Gran parte de los compañeros imaginarios son inofensivos, incluso ejerciendo un efecto positivo en el desarrollo de habilidades sociales como la empatía y el lenguaje.

Fuente: Daniela Vieira, psicóloga clínica de la Universidad de los Andes.

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