Hay enfermedades que son particularmente peligrosas durante este periodo, y pueden aparecer en cualquier trimestre de la gestación. Por esta razón conviene tenerlas en cuenta, tanto para prevenirlas como para tratarlas.

Primer trimestre: Abortos

Durante estas 12 primeras semanas de embarazo la complicación más frecuente es el aborto, definido según la Organización Mundial de la Salud como la expulsión de un embrión (menor a 10 semanas) o feto (menor a 500 gramos o a 22 semanas). La mayoría de los casos ocurre en las primeras semanas de gestación, entre la quinta y la octava.

El aborto espontáneo es sin duda la complicación más frecuente, presentando una tasa cercana al 48%, con un 22 a 33% de los casos ocurriendo incluso antes que la madre sepa que está embarazada. Cerca del 25% de las mujeres experimentarán un aborto clínico durante su vida reproductiva.

Cuando ocurre antes de las 12 semanas se considera aborto precoz, posterior a eso es tardío. Hasta el 85% de los abortos espontáneos se producen precozmente y en este grupo la causa más frecuente son las anomalías genéticas. Los episodios tardíos se asocian más a patologías maternas como infecciones y enfermedades sistémicas como la diabetes.

Se consideran factores de riesgo el tabaquismo, el consumo de alcohol y cafeína o la obesidad materna. Pero lejos el más relevante es la edad de la embarazada, ya que existe una relación directa entre esta y el deterioro de la calidad de los ovocitos, provocando un aumento en las alteraciones cromosómicas.

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Generalmente esto se suele presentar como un dolor abdominal asociado a sangrado de cuantía variable. En este caso hay que acudir inmediatamente al médico, quien realizará una ecografía para comprobar la vitalidad del feto, el estado del cuello uterino (si está abierto o cerrado) y, si es la primera ecografía, verificar la ubicación y desarrollo del feto en el útero para descartar anomalías como un embarazo ectópico. Ante una amenaza de aborto, el doctor suele aconsejar reposo absoluto para intentar retener el embrión, aunque no está del todo comprobada su eficacia, y también prohibirá las relaciones sexuales.

Segundo trimestre: Diabetes

La alta tendencia que existe hacia el sobrepeso y la obesidad y el hecho de que cada vez es más frecuente encontrar mujeres que se embarazan pasado los 35, constituyen un problema global en la población femenina en edad reproductiva, marcando un alza de esta patología.

La diabetes mellitus es una enfermedad del metabolismo de los hidratos de carbono, caracterizado por una falta relativa o absoluta de la insulina (hormona que regula los niveles de azúcar en la sangre) y que tiene como consecuencia final que la persona presente niveles muy elevados de glucosa en su sangre (cuando no hay un tratamiento apropiado).

En grandes rasgos existen varios tipos de diabetes:

1.- Diabetes Mellitus tipo 1 o dependiente de insulina.

2.- Diabetes Mellitus tipo 2 o independiente de insulina.

3.- Diabetes Gestacional: se adquiere la enfermedad de manera transitoria durante el embarazo.

Se trata de una patología que no produce síntomas, por lo que una mujer puede pasar todo su embarazo sin recibir un diagnóstico o tratamiento oportuno. Para detectarlo, entre las semanas 24 y 28 se efectúa un examen denominado Prueba de Tolerancia a la Glucosa (PTGO), que determina la glicemia basal. Se considerará como resultado patológico una glicemia mayor o igual a 140 mg/dl.

Este trastorno debe tratarse a través de una alimentación que considere un régimen saludable. En el caso de que la paciente continúe con un índice de glicemia elevado, es necesario realizar un tratamiento con fármaco (insulina) al menos durante lo que le resta del embarazo. Con ello se evitan los riesgos que pueden presentar la madre y el feto y, a la vez, la posibilidad de generar una diabetes en el futuro.

Tercer trimestre

Quizás esta es la etapa en que puede aparecer la mayor cantidad de patologías en una gestsación. Por esta razón, los controles en este periodo comienzan a ser más frecuentes, para así poder detectar a tiempo cualquier complicación y tratarla.

Dentro de las que se pueden mencionar como más comunes están:

– Parto prematuro: es definido médicamente como el nacimiento ocurrido antes de las 37 semanas (entre el 5 y el 18% de los partos), en oposición a la mayoría de los embarazos, que duran hasta la semana 41. Mientras más corto es el periodo de gestación más alto es el peligro de complicaciones en las guaguas, quienes tienen un alto riesgo de muerte en sus primeros años de vida, así como de desarrollar serios problemas de salud como parálisis cerebral, enfermedades crónicas a los pulmones, problemas gastrointestinales, retraso mental y pérdida de la visión y el oído.

A pesar de que existen varios factores conocidos que llevan al parto prematuro, en casi la mitad se desconoce su causa. Cuando las condiciones lo permiten, los doctores pueden intentar detener el trabajo de parto anticipado, para que así la gestación pueda continuar hasta su término, incrementando las probabilidades de sobrevivencia del niño. Sin embargo, no hay métodos fiables para frenar o prevenirlo en todos los casos.

– Restricción del Crecimiento Intrauterino: la restricción del crecimiento intrauterino (RCIU) es un término médico que describe el retraso del crecimiento del feto, haciendo que su peso esté por debajo del percentil 10 esperado para la respectiva edad gestacional. Esto se puede deber a una malnutrición materna y fetal, intoxicación con nocivos genéticos, tóxicos o infecciones, o por cualquier factor que cause supresión del desarrollo del feto. No todos los menores con bajo peso tienen una restricción anormal o patológica en su desarrollo, así como también algunos recién nacidos con retraso en su evolución presentan un tamaño genéticamente predeterminado normal.

– Colestasia Intrahepática del Embarazo: también conocida como colestasis obstétrica o colestasis intrahepática del embarazo, se presenta durante el último trimestre y no afecta la salud de la madre a largo plazo, pero puede causar complicaciones graves para la guagua. Esto se produce cuando la excreción de la bilis (del hígado), un líquido que ayuda al cuerpo a procesar la grasa, se interrumpe. Si la madre presenta los siguientes síntomas durante el embarazo puede significar que sufre de este mal:

– Prurito muy intenso, especialmente en las palmas de las manos y plantas de los pies, y de predominio nocturno.

– Orina de color oscuro.

– Heces de tono claro (deposiciones).

– Ictericia: el blanco de los ojos, la piel y la lengua puede tomar un color amarillento.

Tener antecedentes de colestasia en una gestación anterior, presentar un embarazo múltiple y tener predisposición genética, son factores que pueden aumentar el riesgo de una mujer de generar esta patología. Algunas de las complicaciones que se pueden observar son:

En la madre

– La embarazada puede tener algunos problemas con la absorción de vitaminas solubles en grasa (vitaminas A, D, E y K). Sin embargo, a los pocos días después del parto, los problemas se resuelven con mínimos daños hepáticos posteriores.

– La mayor complicación para la mamá es el riesgo de recurrencia en los embarazos posteriores, y con el uso de anticonceptivos hormonales.

En el niño

– El riesgo de nacer prematuramente es mucho mayor si la madre tiene colestasia. Los expertos no están seguros por qué.

– Aumenta el riesgo de presencia de meconio en el líquido amniótico.

– El riesgo de muerte fetal durante el embarazo tardío, es también mayor si la madre presenta la enfermedad.

– Preeclampsia: esta es una de las patologías con mayor riesgo que se puede producir en el tercer trimestre del embarazo. Se trata de una enfermedad que afecta a alrededor de un 7% de las gestaciones. Puede aparecer después de la semana 20 y se asocia a la hipertensión arterial y a la pérdida de proteínas en la orina.

Se consideran factores de riesgo:

– Primigesta (primer embarazo).

– Antecedente preeclampsia en embarazo anterior.

– Hipertensión arterial, diabetes, enfermedad renal.

– Trombofilias.

– Obesidad.

– Edad mayor a 35 años.

– Antecedentes familiares.

El problema de este trastorno es que se desarrolla de manera silenciosa, al igual que la diabetes gestacional, cuando la patología ya está avanzada puede provocar hinchazón de cara, párpados, manos, pies o tobillos, dolor de cabeza intenso, vómitos o náuseas y también molestias de abdomen.

Para intentar evitarla, es fundamental que las mujeres se controlen periódicamente, ya que con esto se puede detectar de manera oportuna cualquier aumento anormal de la presión arterial y, de ser necesario, comenzar el tratamiento según sea el caso.

Cuando hay un diagnóstico claro, su tratamiento consiste en la hospitalización de la paciente, donde debe recibir monitoreo de su presión arterial y se le administran los medicamentos necesarios, con la idea de mantener la mayor cantidad de tiempo posible al feto en su interior. Si hay alguna complicación, se interrumpirá la gestación de forma prematura.

Esta patología desaparece si no se ha presentado de manera grave; sin embargo, puede tener complicaciones graves afectando al cerebro, corazón, riñones o pulmones de la madre, e influir negativamente en el crecimiento y oxigenación del feto, incrementando las posibilidades de un daño neurológico y de un parto precoz, incluso causando la muerte. Por esta razón, es esencial que las mujeres asistan periódicamente a sus controles con el especialista.