Personajes de miedo
Personajes de miedo

Rincones oscuros, sombras en la noche, animales misteriosos y leyendas centenarias, son algunos de los temores que tu hijo deberá enfrentar a lo largo de su vida. ¡No te preocupes! Te contamos sobre la importancia de vivir este sentimiento como una etapa esencial en la vida de los niños.

Todos han sentido miedo alguna vez en su vida. Pero las fuentes de los terrores más profundos son variadas y se encuentran marcadas por las distintas experiencias y traumas que se han presentado a lo largo de la existencia de una persona. Se define como una “sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario”, información que nos hace ver que es de suma importancia dentro de las cosas que definen la personalidad o carácter de un individuo.

“El miedo es una de las emociones más básicas del ser humano, que cumple un papel fundamental: la supervivencia. ¿Qué pasaría si no existiera? Solo hay una posibilidad: moriríamos. Sin estos temores viviríamos de forma tan temeraria que pondríamos en peligro nuestras vidas y moriríamos a los pocos días de no contar con las alertas del miedo”, explica Trinidad Antúnez Soza, sicóloga del Centro Psicológico Amancay.

Con respecto a sus funciones positivas, Camila Bascou -sicóloga médica y coaching de crianza- coincide en que estas emociones son sanas y adaptativas, a través de las cuales los primeros hombres se protegieron de amenazas reales que ponían en juego su supervivencia. “El hecho de que sea una emoción significa que es una respuesta que se genera de manera automática cuando se percibe algún peligro o amenaza, y que desencadena cambios físicos, sicológicos y conductuales en las personas. Cuando un sujeto interpreta un estímulo como peligroso, el cuerpo pone en marcha una serie de respuestas inconscientes a nivel del sistema nervioso autónomo y del sistema hormonal que llaman a luchar o a huir para protegerse”, detalla Bascou.

Según la experta, muchas veces las reacciones se generan primero físicamente para luego dar cabida a una respuesta sicológica o conductual, es por eso que la sensación se experimenta incluso antes de que la cabeza racionalice que la persona se encuentra ante de una situación de peligro.

Las etapas de desarrollo de un niño se presentan con diferentes desafíos, es por eso que los miedos también irán variando. Al ser una emoción básica es posible ir observándola desde muy temprano, apareciendo en el primer año y manteniéndose a lo largo de toda la vida del ser humano.

Primera infancia (0 a 3 años): a partir de los 6 meses, los niños comienzan a sentir miedo a las alturas, a los animales y a los ruidos fuertes. A partir de los 2 años y medio, se sumarán el temor a la separación de los padres y a los desconocidos.

Etapa preescolar (3 a 5 años): el menor empieza a relacionarse con otros niños, y es aquí donde aparecen el temor a los monstruos, la oscuridad, los fantasmas, a los personajes del cine y la televisión, además de los animales.

Etapa escolar (6 a 11 años): las relaciones con los demás se intensifican, por lo que surge el temor al daño físico, los accidentes, las heridas, a la sangre, a las inyecciones, al fracaso escolar, a la crítica y a un compañero. Además, se hace más fuerte el terror a la separación de los padres.

Pubertad (12 a 15 años): en esta etapa de descubrimiento personal se intensifica el miedo a la crítica, al fracaso, al rechazo de sus pares -compañeros de colegio o amigos-, aparte de las amenazas.

Estas experiencias irán conformando el carácter y la personalidad de los pequeños, es por eso que es esencial que los padres acompañen a los menores durante estos procesos. “Es importante contar con herramientas o personas que faciliten los procesos para darle a los miedos y traumas un significado, evitando que esto afecte a la persona en su vida adulta”, comenta la sicóloga Trinidad Antúnez.

Por su parte, Camila Bascou agrega que “el contexto es muy relevante, ya que el miedo aparece acorde a estímulos, hechos y situaciones, entre otros factores, que afectan el sentido de seguridad de un menor y lo hacen sentir en peligro. Si este vive en un ambiente donde se siente seguro, cuidado, respetado y protegido, se sentirá capaz de hacer frente a los estímulos y podrá superar sus miedos. En el caso de que viva en un lugar inestable, con falta de vínculos de apego y protección, seguramente se sentirá más inseguro, temeroso e incapaz de hacer frente a las cosas que le van pasando, lo que sin duda marcará su personalidad e irá dejando huella en su desarrollo y en su vida adulta”.

Si bien el tener miedo es positivo en la vida de todos los seres humanos, es fundamental distinguir las situaciones en que este tiene una utilidad y aparece para proteger a los niños en su desarrollo sano a lo largo del ciclo vital.

“El miedo pasaría a ser anormal cuando este es desproporcionado al estímulo que lo provoca, ya sea en intensidad como en duración, manteniéndose la respuesta incluso después de que haya desaparecido aquello que lo desencadenó”, explica Bascou, y añade que esto puede afectar al funcionamiento normal de la persona, alterando su cumplimiento de rutinas y obligaciones como, por ejemplo, ir al colegio o al jardín, socializar con otros niños y salir a jugar, entre otros.

Es por esto que es importante que los padres detecten estas conductas en sus hijos, diferenciando los miedos normales de las fobias.

Miedo

-Es una emoción caracterizada por un sentimiento intenso, ya sea de desagrado o rechazo, que en general es provocado por la percepción de un peligro.

-Es una emoción primaria ocasionada por la aversión -propia del ser humano- al riesgo o a una amenaza.

-Es algo normal aunque irracional. Se puede superar con voluntad.

-Es algo aprendido y en algunas oportunidades se encuentra sujeto a malas experiencias.

-Puede ser influenciado por otras personas que signifiquen algo importante en la vida del otro.

-El miedo puede ser controlado por la misma persona.

Fobia

– Es un trastorno sicológico ante cosas concretas.

-En oportunidades es el sentimiento de odio hacia algo que genera problemas emocionales o sociales. Una respuesta desproporcionada.

-Para superarlo se requiere de un tratamiento sugerido bajo un estudio previo del paciente.

-Es un miedo persistente por un objeto o idea, y que generalmente es sin justificación.

-Se puede provocar por no enfrentar a un objeto o situación.

-La fobia no puede ser controlada de forma racional. La persona siente que es superior a ella.

Tips para combatir o aprender de los miedos junto a los niños:

Sentir miedo es algo sano: es una emoción adaptativa, y no es bueno que los papás intenten evitar a toda costa que sus niños sientan miedo. Esto los ayudará a conocerse, ir madurando y avanzando de a acuerdo a la etapa de desarrollo en la que se encuentren.

Ayudarlos a identificar lo que están sintiendo: es básico nombrar la emoción, según explica Camila Bascou, el simple hecho de decir ‘tienes miedo’ ayuda al niño a entender qué le está pasando, que es algo que existe, que es normal y esperable.

Normalizar y validar su miedo: toda emoción es información y es útil que aparezca, por lo tanto, se puede decir que es normal que se sienta miedo frente a ciertos estímulos o situaciones que ocurren, empatizando y dando ejemplos concretos donde los adultos han sentido algo parecido, comunicando así el entendimiento y haciéndoles sentir que no están solos en este proceso. “Como todo en la vida, en una dosis normal es extremadamente positivo, ya que nos avisa de las amenazas y nos permite estar alerta y protegernos frente a los peligros. Con la ayuda de estas señales evitamos que queden al descubierto y que sean atacados o dañados”, detalla Bascou.

Entregar herramientas a los niños para que los enfrenten: lo importante es que se encuentren preparados para estas situaciones, de modo que se sientan capaces y fuertes para combatirlas. Crear juegos es muy útil para esto, puesto que de esta forma se pueden recrear escenas temerosas a través de un ambiente seguro, donde el niño se exponga a lo que teme lúdicamente, y así los padres puedan ir enseñando formas de combatir estas situaciones angustiosas.

Evita criar menores más temerosos de lo esperable: los padres deben entregar seguridad a sus hijos, de modo que sientan que tienen control sobre sus vidas y así sepan qué esperar cada día tanto de sí mismos como de los otros y de las circunstancias. Para esto, es recomendable fomentar su autonomía, ya sea a través de su participación en tareas domésticas acorde a su edad, ayudándolos a sentirse capaces y hábiles, fortaleciendo su autoestima, además de establecer rutinas claras, normas y límites que les den seguridad. “Es muy importante saber que, si los padres son miedosos y ansiosos, seguramente les transmitirán esta visión del mundo a los niños, ya sea a través del lenguaje, por la corporalidad o lo no verbal”, advierte la experta.

Los padres deben enfrentar sus propios temores: la relevancia de que los adultos combatan sus propios temores ayuda a los menores a encontrar un ejemplo a la hora de ir contra los propios, logrando que ellos sean fuertes y valientes, incluso más que los papás.

Transmitir el mensaje a través de historias y cuentos: existen muchos libros y cuentos para fomentar habilidades y estrategias, además los papás pueden contar sus propias experiencias de éxito para que los niños los usen como ejemplo y así superen esas situaciones.

Personajes de miedo

El cuco

Esta terrorífica figura se representa como un hombre envuelto en una larga túnica negra, con una cabeza en forma de coco. Su historia se remonta a un cancionero medieval español del siglo XV, pero su representación gráfica no se desarrolló hasta el siglo XVIII con un cuadro de Francisco de Goya que muestra a una madre protegiendo a sus hijos aterrorizados de un hombre con una gruesa capa acercándose sigilosamente a la cama donde se encuentran los tres. En Brasil se llama Tutú Marambá, nombre de un libro de poesías y canciones infantiles de la escritora argentina María Elena Walsh, quien rescató todas las tradiciones de los niños iberoamericanos, y que relata también sus miedos.

La llorona

Descalza y con su pelo largo, esta mujer se desplaza llorando por las noches a la orilla de los ríos o de alguna fuente, arrepentida por haber matado a sus hijos. Tradicional de los relatos orales de España, el folclore latinoamericano, incluso las narraciones orales aztecas, se dice que esta historia viene de la cultura griega, de los relatos de Medea en la tragedia de Eurípides, donde una madre arrepentida llora a sus hijos muertos por su propia mano. En países como Venezuela y Guatemala, las madres asustan a sus hijos diciéndoles que si no les obedecen, la Llorona vendrá a buscarlos por las noches. Sus nombres también varían según el país de origen: en Panamá y Costa Rica se conoce como Tulevieja, y se representa como una mujer con alas en su espalda y senos cargados de leche buscando niños perdidos para alimentarlos, por lo que las madres de comunidades rurales evitan que sus hijos recién nacidos lloren por las noches. La señal de que esta se encuentra cerca es una larga hilera de hormigas que siguen el paso de la leche derramada. En República Dominicana se llama Ciguapa, y aparece en el fondo de los bosques con los pies invertidos. Tiene el poder de confundir al que la busque, ya que aquellos que piensan que se están alejando, en realidad se encuentran más cerca.

El viejo del saco

Si existe una figura terrorífica en el folclore infantil iberoamericano es este. Sus orígenes se remontan a una leyenda urbana de la localidad española de Almería, donde un sujeto raptó a un niño y lo cargó dentro de un saco para luego matarlo. A partir de ese día los infantes fueron aterrorizados por esta figura. Se dice que, si los niños no cumplen con sus obligaciones de dormirse temprano o comerse toda la comida, este hombre vendrá a buscarlos y los meterá dentro del saco. En Valparaíso también está la leyenda del loco Horacio, que recorría las calles porteñas con un saco, llevando a los niños que no se dormían.

Los duendes

El mundo ha bautizado a estas figuras con distintos nombres dependiendo el país de origen: leprechauns, goblins, pixies, gremlins, gnomos o trasgos son algunos de ellos. La denominación duende viene del término ‘duen de casa’ o ‘dueño de casa’, esto porque tienen la costumbre de adueñarse de las casas haciendo maldades y embrujándolas. Se les ha representado en la cultura popular como seres de baja estatura, piel gris o verdosa y con poderes sobrenaturales, maliciosos, escurridizos y fiesteros. Se les atribuyen daños inexplicables dentro de la casa y pérdida de objetos. En Chile las leyendas también hablan de ellos, y para combatirlos es necesario un trébol de cuatro hojas, que representa la imagen de San Patricio, santo irlandés.

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