¿Por qué mi hijo se come las uñas?

He tenido varias consultas asociadas a madres desesperadas porque sus hijos pequeños han comenzado a comerse las uñas. Así es que he decidido intentar ordenar las ideas que conozco sobre el tema, para poder contestar las dudas que aparecen al respecto.

Alrededor de los 4 y 5 años, en algunos niños aparece esta conducta, algunos lo hacen por aburrimiento, otros por imitar a algún miembro de su familia. Las razones pueden ser variadas, pero lo que no cambia es la reacción de sus padres, quienes siempre tienden a preocuparse y a no saber qué hacer frente a esa dificultad.

En ocasiones esta desaparece sola, luego de hablar con los menores y recomendarle que deje de hacerlo. Si esta situación se vuelve habitual podríamos estar frente a un síntoma que se presenta debido a ansiedad o angustia. El chupar, mordisquear y succionar calma a los niños, ya que les recuerda cuando eran más pequeños y satisfacían sus necesidades emocionales mediante el contacto físico con la madre (mediante su boca: lactancia); por lo tanto, podríamos estar hablando de una conducta regresiva que es efectuada con el fin de calmarse.

Frente a esto, y como el fundamento es ansioso, nada sacamos con retarlos o hacerlos sentir responsables de su actuar, ya que es automático y aquí no media la razón; es decir, lo realiza inconscientemente. Entonces es buena idea invitarlo a llevar a cabo otra acción, motivarlo a jugar, a conversar de algo que implique el comunicarse con las manos, cantar canciones que necesiten del movimiento de manos o bailar. Esto puede servirte para que se saquen las manos de la boca, sin generar mayor ansiedad y evitar el círculo vicioso que podría provocarse por un aumento de preocupación.

Por favor evitar bajo cualquier concepto el untar los dedos con sustancias amargas o desagradables, puesto que es una agresión para nuestros niños. Recordemos que están canalizando su ansiedad, por lo que si los asustamos con respecto a su actuar, ellos se esconderán de nosotros y lo realizarán de la misma manera o, peor aún, buscarán otras formas invisibles a nuestros ojos, lo cual generará que no podamos ayudarlos (sacarse el pelo, romperse los dedos con la misma mano, etc).

Es importante que como padres tengamos claro que esta situación debería declinar al cabo de algunos meses, de persistir sería buena idea acudir a un especialista para encontrar el fundamento de la ansiedad y poder asistirlos efectivamente.

 

Por Varinia Signorelli, Psicóloga, www.supermadre.net 

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