Mi hijo, un pequeño ladrón

Descubrir que tu hijo llegó a casa con el camioncito de su amigo, o sorprenderlo devorando un trozo de chocolate que tomó sin permiso desde el interior del supermercado, puede ser un acontecimiento gracioso en su bitácora de vida. Pero si la acción se reitera en dos, tres o más ocasiones, es imprescindible adoptar medidas más drásticas.

El que los niños se apropien de bienes que no les pertenecen es más común de lo que imaginamos. “Los pequeños entre 2 y hasta los 5 años, suelen tomar las cosas porque aún no tienen conceptualizado el sentido de propiedad, por lo mismo el agarrar juguetes o dulces para ellos es una forma de satisfacer un deseo inmediato, sin que sepa si es algo bueno o malo. No lo hacen con una mala intención, pues todavía no diferencian lo que es ‘suyo’ de lo que no lo es”, indica Fernando Marchant, sicólogo de Centros Médicos Vidaintegra.

En efecto, la falta de conciencia acerca del sentido de propiedad es uno de los factores que determina el impulso de adueñarse de lo ajeno. Pero también pueden estar en juego otros motivos, como la sobreestimulación de colores y presentaciones de los productos de las tiendas, la necesidad de sentirse aceptado por los pares, el propósito de llamar la atención, o el deseo de satisfacer algún vacío afectivo. “Los hurtos en los menores pueden tener relación con carencias de aspectos esenciales del hogar, algo me prohíben, algo no me dan, algo me quitan, etc. Pueden vincularse con sucesos tempranos o tardíos de orden traumático o disfunciones familiares. Si un infante hurta, probablemente busca algo o necesita atención; es un pequeño que hace demandas del orden afectivo. Requiere límites y busca la autoridad perdida. Por esta razón, necesita del control externo, ternura y firmeza que guie su conducta”, agrega Marchant.

Es natural que este tipo de comportamientos preocupe a los padres, sobre todo si se torna repetitivo. Ante un episodio como este, es fundamental no dramatizar la situación, intenta enfrentarla con calma, respeto hacia la dignidad del menor, y mucho amor. En ese sentido, el sicólogo Fernando Marchant señala, “a los niños con este problema no se les debe etiquetar de patológicos o anormales; por el contrario, hay que actuar con firmeza y ternura, debe haber mucha comprensión, acogida y comunicación. De esta forma, irá aprendiendo el significado de lo que se espera de ellos en conductas y actitudes coherentes con el respeto y un juicio de realidad. El castigo físico y la intolerancia del adulto no están incorporados dentro de este esquema; hay que enseñar nuevas oportunidades para las relaciones del yo. El niño requiere de modelos cálidos y también con autoridad”, finaliza.

Revertir los malos hábitos

Para evitar estar en presencia de un verdadero pequeño ladrón, apenas se manifieste un incidente de esas características, es necesario tomar las riendas del asunto y reconducir la mala conducta.

1. Explícale que al robar causa daño a otras personas, pues les quita algo que les pertenece y, por lo tanto, es una mala acción.

2. Demuéstrale que desapruebas su conducta. Enójate con él y hazle entender que no es correcto, y que debe corregir su actuar.

3. Respeta su dignidad. Evita decirle que es un ladrón; dile que ha cometido un acto reprochable, pero manteniendo un trato amable.

4. Ayúdale a devolver el objeto hurtado y, al mismo tiempo, recálcale el concepto de propiedad.

5. Si la tendencia al robo persiste y se convierte en algo frecuente, debes consultar a un sicólogo infantil.

 

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