Soy mamá y estoy cansada
Soy mamá y estoy cansada

Estoy convencida que  todas quienes  somos mamás, sabíamos  que la vida nos iba a cambiar, sabíamos  que  íbamos  a estar cansadas, pero no teníamos  ni idea de la magnitud de cansancio que íbamos  a sentir. Y es que no sólo estamos agotadas  física, sino también  mentalmente.

Ayer no he podido más  con el cargo de conciencia  por querer decir a mi hija ¡YA BASTA!  con voz enérgica, pero simplemente he respirado hondo y la he consolado para que deje de llorar…

Pero también  me senté en la sala una vez que se durmió  (lo que agradecí muchísimo ),  y me puse a pensar en lo que quiero, y solo quiero acostarme a ver televisión, a revisar el celular o simplemente  acostarme viendo al techo mientras ella duerme, pero no puedo porque debo aprovechar ese tiempo para hacer otras cosas, como por ejemplo encargarme de la cocina, de que el piso esté limpio porque ahora ya gatea, de mandar mails que he aplazado por no poder escribir. Inevitablemente siempre hay algo que hacer.

Las mamás no paramos de hacer cosas y no paramos de pensar, nuestra mente maquina a mil todo lo que tenemos  pendiente, y es por eso que terminamos tan cansadas. Eso, sumado a que cuando llega la noche y nos disponemos a dormir, nuestros hijos despiertan y nosotras como buenas madres nos quedamos despiertas junto con ellos, ya sea leyéndoles un cuento, cantando una canción a la que cambiamos la letra porque no la sabemos completa, espantando monstruos que se metieron abajo de la cama o en una guerra eterna de yo la cubro con la cobija, ella se descubre.

Antes tenía  tiempo de pintarme  las uñas  y tenía tiempo para que se sequen, tenía tiempo para escoger el atuendo del día y tenía tiempo para cambiarme si lo que había  escogido no me convencía, salía sin horario, dormía el tiempo que quería, me duchaba una hora.

Debo confesar que en mis momentos de querer salir corriendo, he sentido que yo llevo el mundo encima, que yo hago todo, que nadie entiende que mis fuerzas de súper mamá se acabaron, que solo quiero que alguien venga y me diga «¿te ayudo?», me pregunto si las otras mamás  se sienten así  a veces, con ganas de encargar a nuestro hijo o hija y «huir» a donde sea, no importa. Pero salir. Y cuando salimos… extrañamos  a los peques.

Y es que aceptémoslo, estamos felizmente cansadas, porque los días  agobiantes  son nada comparado a la alegría  inmensa que nos regalan nuestros hijos con cada cosa que hacen y que nos llena de orgullo.

Nuestra vida antes de ser mamás  era buena,  relajada, sin tanta complicación,  pero no teníamos  a nuestra persona favorita, ahora tenemos todo, amor, felicidad, sonrisas… y cansancio.

 

Por Carolina Casal, contacto: [email protected]

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