Desarrollando la autonomía infantil
Desarrollando la autonomía infantil

La mayoría de los padres nos hemos preguntado cómo equilibrar el deseo de independencia de los más chicos junto con su necesidad de límites y seguridad. Aquí, algunas ideas para ayudarlos a navegar por las aguas de la autonomía, manteniendo la distancia y cercanía justas para su sano crecimiento.

Por: Catalina Ábalos L.

Los humanos son seres contradictorios. Las guaguas insisten en sostener por sí mismas su mamadera, al tiempo que no pierden de vista a sus papás. Luego, cuando aprenden a caminar, quieren desplazarse por su cuenta, muchas veces rechazando que los alcemos. Cuando inevitablemente se caen, el mejor consuelo siempre estará en nuestros brazos.

Entre los 3 y 5 años la búsqueda de independencia se hace más patente, a medida que van adquiriendo mayores destrezas intelectuales, verbales y socioemocionales. De esta forma, la frase “¡yo solito!” se transforma en una constante para los adultos que los rodean.

Milena Luco, psicóloga infantil del Hospital Clínico San Borja Arriarán, explica la relación entre libertad y autoestima: “Cuando hablamos de autonomía en el desarrollo del niño, nos referimos a su capacidad de tomar decisiones por sí mismo y ejecutarlas en forma independiente. El poder hacerlo le transmite una sensación de logro y satisfacción consigo mismo, repercutiendo en su autovaloración”, puntualiza.

En esta misma línea, advierte acerca de los “papás helicóptero”, terminología que alude a los progenitores que sobreprotegen en exceso a sus hijos: “Un menor al que no se le dan oportunidades de logro no confiará en sus propias capacidades, ya que ni siquiera podrá tomar conciencia de estas”, afirma.

La especialista advierte que, en estos casos, se producen dos efectos importantes en los niños. Por un lado, los mayores les transmiten la percepción de un mundo excesivamente peligroso y/o amenazante, donde solo pueden estar bien si son protegidos por ellos. En segundo término, se vuelven inseguros, puesto que no confían en sus propias capacidades para enfrentar los conflictos. Incluso pueden sentir que son demasiado torpes o inútiles, y que por eso no les permiten intentar las cosas por sí mismos.

Muchas veces esto se traduce en trastornos de ansiedad, como angustia de separación o crisis de pánico.

En ocasiones la reacción de los papás se vincula con vivencias traumáticas, por ejemplo, alguna enfermedad del menor que los lleva a protegerlo más de la cuenta. Otras veces tiene que ver con la crianza que ellos mismos han tenido, trayendo esa visión de mundo amenazante desde su propia infancia. En ambos casos, la terapeuta aconseja a los adultos que “revisen sus propias creencias en terapia, y cómo estas afectan su vida y la de sus hijos. Muchas veces mi trabajo como psicóloga infantil termina siendo más con los padres que con los niños”.

Límites y tareas

Para conseguir el tan ansiado balance entre autonomía y seguridad, Milena Luco explica que siempre debemos considerar si el menor, según su nivel de desarrollo, ha alcanzado las capacidades necesarias para ejecutar la labor. “Un niño de 3 años no está capacitado para cortar con cuchillo, pero uno de 8 sí. Este es un ejercicio que los padres deben realizar constantemente, para determinar si es segura la tarea”.

Cuando el menor quiere hacer algo para lo que aún no está preparado, se pueden hacer dos cosas. Por un lado, intentar adaptar o simplificar la tarea, o bien hacerla nosotros solicitando su “colaboración”, de manera que siga sintiéndose útil. También, si es algo seguro pero que sabemos que aún no puede conseguir por sí mismo, le damos la oportunidad de intentarlo, aclarándole que cuando necesite ayuda la puede pedir, para recién ahí intervenir.

Entre los 3 y 5 años, podemos dividir las tareas en logros de autonomía personal o responsabilidades en el hogar. En el primer caso, un niño de esta edad ya debe ser capaz de comer solo, lavarse los dientes (repasándolos nosotros después) y ponerse o sacarse algunas prendas de vestir.

Dentro de las tareas en la casa, se espera que el menor ordene sus juguetes, ayude a poner la mesa y  lleve su plato vacío a la cocina, entre otras cosas.

“Todas estas actividades le permiten, además de sentirse útil, ir desarrollando nuevas destrezas que afianzan su autonomía”, indica Milena.

Responsabilidad, atención y orden lógico

En su libro “Educar niños de 0 a 6 años”, Maite Vallet, autora y especialista en educación de nacionalidad española, detalla el círculo virtuoso de la autonomía bien practicada. Un botón de muestra es la relación entre esta y otras aptitudes.

*Autonomía y responsabilidad → Hay muchas personas que piensan que hasta que pasan unos años de su vida, los menores no pueden adquirir responsabilidad. Sin embargo, citando al texto antes mencionado: “El ser humano aprende a responsabilizarse, o a no hacerlo, desde la primera etapa de su existencia”.

En la otra cara de la moneda, la psicóloga Milena Luco señala que “los niños sobreprotegidos tienen dificultades para tomar responsabilidades y hacerse cargo de las consecuencias de sus actos, ya que los padres siempre están ahí para excusarlos y defenderlos”.

* Autonomía y atención→ A lo largo del día hay innumerables actividades que requieren prestar atención tales como: lavarse las manos, vestirse, comer, recoger sus juguetes… Si los pequeños asumen la responsabilidad de realizar sus labores cotidianas, aprenderán a concentrarse naturalmente, lo que más tarde les ayudará a estudiar.

* Autonomía y orden lógico→ Cuando enseñamos a los más chicos de la casa a hacer las cosas autónomamente como, por ejemplo, peinarse en las mañanas, aprenden a desarrollar un orden lógico que cultiva su capacidad de pensar y razonar.
Finalmente, la educadora hace un llamado a los padres a no olvidar la regla de oro de NUNCA ENSEÑAR A HACER UNA ACTIVIDAD CUANDO ESTAMOS APURADOS. Debemos aprovechar los momentos relajados en familia para ensayar los aprendizajes, ya que es cuando los niños mejor aprenden.

PARA CRIAR NIÑOS AUTÓNOMOS

QUÉ HACER:

-Permitir errores.

-Enseñar una tarea ejemplificándola primero.

-Preguntarle su opinión.

-Valorar su esfuerzo, al margen del resultado.

-Agradecerle y felicitarlo por la tarea realizada.

-Si la tarea es difícil, dividirla en partes o simplificarla.

-Apelar a sus ganas de ayudar.

QUÉ NO HACER:

-Decirle de antemano “te vas a caer” o “no puedes hacerlo”.

-Retarlo cuando algo no le resulta.

-La frase: “Te lo dije”.

-Exigirle cosas que aún no puede realizar.

-Hacer por él cosas que sí es capaz de efectuar.

-Ayudarlo de inmediato cuando enfrenta una dificultad.

-Dar órdenes constantemente, sin permitirle tomar decisiones.

Fuente: Milena Luco, psicóloga infantil (contacto: [email protected])

Para los casos en que no podemos darles tanta libertad, existe una técnica que llamada “Ilusión de alternativas”, en la que se le ofrece al niño la posibilidad de decidir dentro de ciertos límites.

Por ejemplo, preguntándole si va a ordenar los juguetes antes o después de comer. Así nos aseguramos de que cumpla la tarea, pero al mismo tiempo le permitimos tomar una decisión personal. De esta forma le damos un mayor control sobre su propia vida, lo que además de fomentar la autonomía, previene conductas oposicionistas.

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